Si la ministra realmente piensa que el botellón atenta contra la salud e incita a los adolescentes a percibir como normal algo que no lo es, si tan alarmados están porque miles de pibes de todo el país celebrarán esta noche su particular liga de campeones-botellones, si tan escandalizados están, metamos en la red un mensaje que resuma el discurso que estos días abanderan los responsables públicos, no sé, un SMS que diga "salvo que lo que estés celebrando sea un triunfo de la selección nacional o la nochevieja, y a menos que estés en alguna tuna o que tu equipo haya ascendido, cogerte una cogorza en las calles de tu ciudad perjudica seriamente la salud y te convierte en un gran fracaso social. Pásalo".
En línea con ese desorden argumental, por qué no "de copas sí, pero sólo si es la Copa del Rey. Pásalo". Me pregunto qué perjudica más la salud, si el alcohol o la hipocresía, si las borracheras o el doble lenguaje, si los jóvenes o quienes los criminalizan ligera y gratuitamente, si el botellón o los mensajes contradictorios (¿o es que únicamente es pecado beber cuando no juega la selección?). Un tuno borracho es un tipo simpático, un forofo de garrafón es un patriota y un pibe que a falta de alternativas se echa a la calle es un gandul. Cuánta falsedad. Cuánta derechona sociológica -no la perdamos de vista, no-. Cuántos ayuntamientos dándoselas de institutriz e incapaces de ofrecerles a los pibes otra cosa, otra noche, otra razón -algo mejor que hacer, en definitiva-. Hay quien pontifica que los pibes son una amenaza que graba palizas o se llena de pastillas (¿por qué las palizas sólo nos asustan cuando las graban?).
Alguien tendrá que recordarles que esos merecen toda la atención, sí, pero que también hay adolescentes que disfrutan con los libros o la música, que sueñan con hacer grandes cosas. Y esos pibes están ahí al lado. En los foros. En los móviles o correos. En internet. Difícilmente vamos a entenderlos si lejos de ir donde están nos limitamos a demonizar su territorio -la red-. El botellón de esta noche tiene un objetivo: salir en las teles y ganarle a la ciudad de al lado. Ofrezcámosles otros objetivos o admitamos que somos nosotros y no ellos los fracasados. El problema no es el botellón. El problema es que esta sociedad no sabe, no quiere o no le interesa leer el mensaje que hay dentro de la botella.