INMIGRACIÓN ILEGAL - SUS ROSTROS
A pocas millas del paraíso
Un pescador de Las Galletas cuenta como el pasado domingo remolcó una barca con más de cuarenta inmigrantes
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| La costa Sur de Tenerife ha recibido en una semana más de diez cayucos cargados de inmigrantes. / EFE-DA |
Leoncio González Santa Cruz
Los pescadores de la zona sur de Tenerife han vivido en sus propias carnes, y más cerca que cualquier otro canario, la llegada de embarcaciones cargadas de inmigrantes en condiciones lamentables. La costa sur de la Isla ha recibido en la última semana más de una decena de pateras o cayucos procedentes, en su mayoría, de Mauritania cargadas de inmigrantes. La razón fundamental de esta avalancha puede estar relacionada con la luna llena y el buen estado de la mar en los últimos días.
Vicente es un joven pescador que fondea en Las Galletas. Normalmente sale a pescar de madrugada, entre las tres y las seis de la mañana, y no se aleja mucho. "No salimos demasiado porque cerca de la costa ya encontramos el fondo que necesitamos para pescar, sesenta u ochenta metros", indica este vecino de Las Galletas.
Al amanecer del domingo 12 de marzo, Vicente se encontraba a una milla de la costa de Granadilla. Las primeras luces del alba comenzaban a aparecer cuando oyó el zumbido de un motor fuera borda que se acercaba a su embarcación. Una gran barca con más de cuarenta personas a bordo se arrimó a su pesquero pidiendo ayuda. No lo sabían, pero estaban a pocas millas del ’paraíso’ que habían ido a buscar. "Ellos me preguntaban que adónde iban. Se les notaba totalmente perdidos, ignoraban donde estaba la costa o el muelle", afirma Vicente, "la patera bastante más grande que mi barco, de unos once metros de eslora", comenta.
Su primera reacción fue intentar calcular cuántos pasajeros iban a bordo. "Sólo vi a seis o siete personas, pero luego me di cuenta de que venían muchos más. Hice un cálculo rápido y conté unos 39, aunque luego me dijeron que eran bastantes más. Venían tan juntos y agachados que me fue difícil contarlos", indica.
La sorpresa del pescador no obstaculizó su capacidad de reacción y, cuando se cercioró de que todo estaba bien dentro de la patera, avisó a los servicios de emergencia. "Me puse en contacto con el 1-1-2, les di la situación exacta donde nos encontrábamos, porque tengo GPS, y me comentaron que si advertía cualquier cambio de rumbo que los volviera a llamar. Pero no lo hubo. Cuando llegaron a mi altura el motor se les paró y luego ya no les arrancaba. Entonces opté por remolcarlos hacia el muelle de Las Galletas, que era lo más cerca que me quedaba. Volví a llamar al 1-1-2 para decirles que los estaba arrastrando", dice.
Vicente afirma que le causó cierta sorpresa el rumbo que traía la patera, "venían de sur-suroeste, como de la Gomera. Lo normal hubiera sido que vinieran desde el Médano hacia el sur, pero estos traían otro rumbo. "A lo mejor se perdieron y lo corrigieron cuando avistaron los barcos que había en la zona", indica el marinero. Las dudas asaltaron al pescador mientras amarraba el cabo que le tiraron los inmigrantes: "El miedo que tuve me surgió porque no sabía qué les podía pasar por la cabeza a esta gente, luego pensé que yo estaba solo y que ellos eran más de treinta", las condiciones de la barca no eran buenas, "pensé que se podían ver apurados porque tuvieran vías de agua y se les ocurriera saltar a mi barco o algo así", indica Vicente.
Pero estas dudas se disiparon, los inmigrantes "estaban muy ’enseñados’, parecía que alguien les hubiera dicho: aquí no se mueve nadie", dice el pescador, porque todos los que venían a bordo permanecieron inmóviles durante la maniobra. "El único que se movía era el que estaba en el motor", asegura, "y fue él el único que se dirigió por señas a mi para pedirme ayuda".
El barco de Vicente remolcó a la patera hasta la entrada del muelle de Las Galletas. En ese punto "pudieron arrancar el motor. Los acompañé más adelante, hasta la bocana, y vi que ya los estaba esperando la Guardia Civil", indica el pescador, quien en ese momento les hizo señales a los rescatados para que embocaran el muelle por su propia cuenta.
"La entrada al puerto es complicada, porque está en obras. Yo no quería correr riesgos de que, con el peso de tanta gente, la barca volcara justo antes de llegar a tierra", asegura.
Vicente confiesa que ésta es la primera vez que le sucede algo parecido, pero que no ha sido el único al que le "ha aparecido alguna patera". Su propio padre había divisado una de estas embarcaciones frente a la Montaña Roja de El Médano algunos días antes.
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