La ciudad orgullosa
RAMIRO CUENDE TASCÓN *
* Ramiro Cuende Tascón es concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife por el PSC-PSOE. Como en todas las buenas obras del séptimo arte, ese arte llamado cine, en esta película, la de nuestra ciudad, existen todo tipo de personajes, eso sí, personajes de distinta catadura moral o calaña. La mayoría son seres personajes elegantes con espíritu altivo que no altanero, ambos géneros, ellas y ellos, las gentes de "La Ginebra del Trópico" (ver artículo del pasado 28 de noviembre, pagina 2 de la-opinion.com), película rodada en Plan Estratégico Films y dirigida por no se sabe quién, son grandes actores.
Como en todas las buenas películas, el final suele ser, también, bueno. Y, como Santa Cruz lo merece, el final de esta comedia, drama o como prefieran, será bueno gracias a ustedes que son lo importante, las gentes, los activos espectadores de la película sobre el futuro de esta orgullosa urbe o, mejor, pueblo con mayúsculas.
El director de aqueste relato, mientras rodaba el mismo, este corto artículo, sucumbió emocionado al contemplar ante la cámara de sus ojos la toma de posesión de treinta y tantos nuevos funcionarios municipales. Me emocionó escuchar a Doña, desconozco su nombre, una orgullosa minusválida, jurar su cargo en el Salón de Plenos de nuestro municipio. Sentí un enorme orgullo de ser santacrucero. No sé si antes o después, mientras sonaban los aplausos que se repartían emocionados unas a otros y viceversa, observé cómo uno de los ciudadanos que juraban su cargo le daba su mano izquierda al señor alcalde. Pensé: ¡otro zurdo!
Poco después pasó ante mí con su orgullosa minusvalía. Era zurdo sin querer. Volví a sentir alegría de vivir en esta sociedad de luces y sombras, como la vida, que avanza hacia la igualdad, hacia la inserción de sus preparadísimas personas con alguna, cualquiera, discapacidad. Orgullo fue lo que sentí. Enhorabuena a todos, no saben cómo deseo que sirvan a esta ciudad tan necesitada de sabia fresca, de sabia ilusionada. Espero que alguien, sus jefes más directos, consigan hacer de ustedes funcionarios orgullosos de serlo. Aplíquense a la labor y disfruten atendiendo a sus conciudadanos. Y, si no, que la ciudad se lo demande, como diría un buen alcalde.
Cambiando el paso, he de confesarles lo que sigue.
Antes de que sucediera supe que iba a suceder. Me refiero a la cantada que les dio, perdón nos dio, yo también estaba, la defensora de no sé qué, a sus señorías. Tata ta chan, su señoría, la brava, la altiva de miras, la espero nunca alcaldesa, la heroína del Salón, doña Cristina y cierra España. Como diría, supongo su subalterno don Ángel Llanos o, bajen la luz, mucho humo, ceños fruncidos, el gran canario Larry del rancho del Pepé. ¡Chacho!, ¡chacho! ¡chacho!
Una cantada en do menor o, mejor, en do peor, ante la cámara atenta, la única, de nuestra TVE, con la C, TVEC, la de toda la vida. Observé cómo se empañaba el objetivo al escuchar tamaña sarta de pensamientos libres democráticos respetables que salían a la luz pública de la vida por aquella orgullosa y sonriente boca. Espero, se lo digo con democrático cariño, el que ayer me enseñó doña Maribel, que no hable en el próximo pleno de la mochila del 11-M. Es más, si se lo proponen sus asesores, dígales de mi parte que la liberen a usted y a nosotros de ese cáliz. Es más, todavía creo que hoy viernes, 17 de marzo, se están celebrando los Carnavales en Telde, se da un paseo por allí, se disfraza de doña Cristina de Arco, la defensora de los hombres. A mí, si no le importa, no me defienda, prefiero perder. Y disfruta usted arengando a los las Drag Queeen, esas que se visten y transforman de forma tan brillante. Algunos, presuntamente, ponen el cazo.
Disculpe pero me lo pedía el cuerpo. Eso sí, presuntamente, en clave política. Observo que últimamente se lleva lo del presunto.
Dios, si existes y me estás escuchando, líbranos de todo mal. En cualquier caso, dile a alguien de por ahí que hable con los del PP y los tranquilice, que les diga que la vida continúa y que los demás queremos disfrutarla. Entre otros, los brillantes opositores que antes de ayer nos juraron su orgulloso cargo.
Al trote. ¿Existen los o las trolls? Aquellos personajes de Tolkien. Los de aquel maravilloso escritor, el de ’El Señor de los Anillos’. Me daban asco y canguelo tan sólo sentir su presencia entre las páginas de tan fantástico libro. Se trata de una pregunta que hoy he despejado. Una ecuación definitivamente resuelta. Si existen. ¡Existen! ¡Qué horror! Bueno, me fiaré de Gandalf.
Ayer desconocí a un ente de estos: habita en las cuevas de la red, en los negros mundos de las telarañas mentales. Le acompaña un olor fétido como a todo trol, trola o trolero que se precie, babeante, purulento ser o no ser, que disfruta vigilando a los hobbits entre los que me encuentro, para comérselos mejor.
Son ’entes’ con electroencefalograma nulo, porque los que lo tienen plano me merecen un enorme respeto. Estos de los que les escribo lo tienen nulo o ninguno. Se desayunan con escarbadientes en desuso, los restos ácidos que encuentran en los vertederos de la red. Las mejores inmundicias se pelean entre ellos para conseguirlas. Habitan entre nosotros, se desplazan por las alcantarillas, en ocasiones por la red para llegar a morder soplando. Estoy escribiendo y me está dando asco, espero que a ustedes también.
El ente del que les hablo se esconde en una cueva llamada ’Ozupuntoes’ no en ’Ozúmiarma’ no confundirse, ni en ’Cippuntoes’. En este último habita una buena persona. Eso la define, don Francisco Tovar, una buena persona, no piensen que es fácil serlo. El susodicho le robó el nombre a este querido Hobbit para intentar confundir a la gente buena del cuento con vómitos y micciones putrefactas. ¿No les impone el relato? A mí ya me da igual, porque ya sé quién es este monstruo sin cara, monstruo con dos nucas que se llama ’DiezQuince
y demás hierbas’. Un ser que habita en las tinieblas de lo negro, que se baña en la hediondez de la falacia. Y, que, como diría o le aconsejaría don Gabriel García Márquez, si volviera usted a nacer debería comer más helados.
Abnegada Trola, es probable que no lo entienda; lo de los helados seguro que no. Igual esto último sí, yo antes me rompo que me doblo. Y no va a ser ni usted ni los que la rodean quienes lo consigan. Le quedó claro, trastito. Váyase a Ligrasa y dese, de darse, un refrescante baño salado, antes de que sea la nueva playa. Me temo que a usted no la refresca ni la mar.
Debería estar prohibido intentar y hacer daño por la cara. Este final me quedó chachongo. Gracias por leerlo, cuando sepa los dos apellidos de Trola, se lo cuento. No deseaba meterles miedo: era un cuento de buenas y malos, cosas de la vida.
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