Carlos Padilla
Santa Cruz
La búsqueda de vida en Marte y la preparación de un futuro viaje tripulado al mundo rojo centran hoy buena parte de los esfuerzos de la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés). El organismo ha logrado colocar ya satélites en la órbita en dos planetas del sistema solar, el último de ellos Venus, llevó la sonda Huygens hasta Titán -en colaboración con la NASA- y ha enviado otro ingenio más a la caza de un cometa, el 67P/Churyumov-Gerasimenko, sobre el que deberá posarse. Pero tocar suelo marciano se revela ahora como uno de los principales objetivos de la agencia, una empresa en la que Tenerife, una vez más en la historia de la investigación espacial, jugará un papel esencial: desde el pasado lunes y hasta finales de esta semana, el prototipo de vehículo no tripulado de la ESA, el rover ExoMarte, pone a prueba su tecnología en la superficie del Parque Nacional del Teide, lugar escogido por los científicos de la entidad europea para comprobar la eficacia de su nueva criatura mecánica, con las miras puestas en su envío a Marte a lo largo de la próxima década.
El llano de Ucanca y las inmediaciones del Centro de Visitantes ubicado en el parque han sido hasta ahora los enclaves elegidos para poner en marcha el vehículo europeo. No en vano, la superficie volcánica de esa zona de la isla se asemeja en gran medida al terreno marciano, extremadamente seco, erosionado, infestado por millones de rocas y cúmulos de arena.
Aunque aún no sea más que el embrión del aparato que finalmente penetrará la atmósfera marciana, la presentación en Tenerife del ExoMarte pone de manifiesto el gran impulso dado por la ESA a su programa Aurora, creado en 2001 con el objetivo de explorar los planetas y satélites de nuestro sistema solar, así como varios asteroides, durante esta primera mitad de siglo. La Luna y Marte figuran entre sus objetivos principales, siempre con la motivación histórica de la búsqueda de vida más allá de la Tierra. No en vano, entre las tareas que podría desempeñar el rover estrenado en Las Cañadas se encuentra el transporte de herramientas útiles para la investigación exobiológica, desarrolladas para el hallazgo de formas vitales extraterrestres. Luego, la complejidad de las misiones irá aumentando para culminar, si todo marcha según lo previsto, en una expedición tripulada al planeta rojo, en el plazo máximo de unos veinticuatro años.
Mejoras europeas
El ExoMarte ha sido desarrollado por EADS Space, compañía europea especializada en sistemas de transporte espacial y orbital que ha diseñado, desarrollado y producido las lanzaderas Ariane, el laboratorio Columbus y el carguero ATV para la Estación Espacial Internacional, así como vehículos de reentrada en la atmósfera, misiles balísticos para fuerza de disuasión nuclear o varios sistemas de propulsión. Mientras lleva a cabo el desarrollo del actual rover, la empresa ya ha planteado la posibilidad de construir un segundo rover, más simple y dedicado a recoger y guardar muestras para su posterior análisis en la Tierra, tarea que deberá llevarse a cabo en colaboración con la NASA. La agencia estadounidense ya ha sentado las bases de lo que podría ser una misión de transporte de elementos marcianos, prevista para 2016 y partiendo de la base de una asociación a partes iguales con la entidad europea. La respuesta a muchas preguntas de la ciencia reside en el retorno de rocas a nuestro planeta, donde podrían ser estudiadas concienzudamente. Pero todavía esta labor se presenta como uno de los mayores retos de las agencias espaciales: el desarrollo de naves capaces de contactar con los vehículos en suelo marciano, tomar sus muestras y luego alcanzar la órbita de Marte para emprender el viaje de vuelta a la Tierra es todavía un sueño.
Pese a todo, y aunque todavía no haya datos definitivos, todo parece apuntar a que el nuevo rover de la ESA, la prueba de que el programa espacial europeo avanza a pasos agigantados, incluirá instrumental de gran alcance que permita estudiar el ambiente biológico marciano. Del mismo modo, se pretende conseguir mejorar la movilidad de los dos vehículos enviados por la NASA a Marte, el Spirit y el Opportunity -aún operativos-, así como incorporar a su estructura un taladro capaz de excavar a una gran profundidad, esencial para la recopilación de datos. Todo ello a la espera de un contacto directo con la materia venida del nuevo mundo, en un futuro anterior a la primera mitad de siglo.
Pisar Marte
Más allá de esta frontera aparece el viaje de los primeros humanos al planeta rojo. El trabajo de los rovers está encaminado a llevar nuestro conocimiento sobre Marte al máximo, siempre con el fin último de conseguir un día pisar su suelo. Tras el envío de esta serie de artilugios mecánicos, auténticos prodigios de la robótica, el siguiente paso será sin duda el amartizaje de una misión tripulada. Para transformar este objetivo en una realidad, la NASA ha permanecido ocupada mucho tiempo en identificar los riesgos de carácter biológico, atmosférico e incluso radiactivo que podrían afectar a los nuevos descubridores. La reciente entrada de la Venus Express en la órbita del planeta más cercano a la Tierra y la llegada de la sonda Huygens a Titán, la mayor luna de Saturno, han vuelto a colocar a la Agencia Espacial Europea a la vanguardia de la investigación espacial y han despertado de nuevo las ilusiones de toda una generación de europeos que fantasea, cada día, con la posibilidad de disfrutar o de poder brindar a sus hijos y nietos un paseo por la superficie roja de Marte, una mirada cercana al cuerpo celeste que durante miles de años más ha fascinado, a la vez que atemorizado, al ser humano.