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El Instituto Cervantes contribuye a perpetuar la obra de Óscar Domínguez
La exposición parisina está co-organizada por el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife
Aspecto que presentaba la exposición el día de la inauguración. José Jimenez, director del Instituto Cervantes de París. La reducida sala del inmueble parisino acoge una veintena de pinturas y un objeto del artista. / DA
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Nana García
París


La intensidad imaginativa de la etapa surrealista de Óscar Domínguez (La Laguna, 1906-París, 1957) queda recogida en la muestra monográfica con la que el Instituto Cervantes ha querido sumarse a la celebración del centenario del nacimiento del pintor tinerfeño. Con la finalidad básica de "lograr el reconocimiento mundial que se merece", Óscar Domínguez, el surrealismo volcánico fue inaugurada en la tarde del martes en el salón de los espejos de la Biblioteca Octavio Paz de la institución española.

Casi un centenar de personas ligadas al mundo de la cultura hispana presenciaron el emotivo acto de inauguración de esta primera exposición que se le dedica al genio canario del arte surrealista en París después de su muerte.

La delegación de instituciones de las Islas que acudió expresamente a la capital gala para formar parte de este tributo copó la presidencia del acto, junto con el comisario de la muestra, José Jiménez, director del Instituto Cervantes en París.

Óscar Domínguez, el surrealismo volcánico está co-organizada y patrocinada por el Gobierno de Canarias y el Cabildo Insular de Tenerife, cuyos principales titulares, Dulce Pérez, viceconsejera regional de Cultura y Deportes, y Miguel Delgado, consejero de Cultura y Patrimonio del Cabildo de Tenerife, destacaron la relevancia que tiene este proyecto expositivo en la consecución de un mayor reconocimiento a la obra de creador lagunero por parte de la crítica internacional.

Con el amparo de esta "pequeña muestra de cámara", el Instituto Cervantes se suma a la conmemoración de la centuria del nacimiento de Domínguez, que a lo largo de 2006 contará con un variado programa organizado por el Ejecutivo autónomo, el Cabildo de Tenerife, así como los ayuntamientos de Santa Cruz, La Laguna y Tacoronte.

En palabras de su director y comisario de la exposición, José Jiménez, el título dado a la exposición pretende aludir "tanto a su origen canario, como a la actitud que adoptó Domínguez en la vida", llena de altibajos emocionales y contradicciones.

Cada una de las obras que integran Óscar Domínguez, el surrealismo volcánico adquiere importancia en el entorno en el que se expone, ya que integra el trabajo de "una gran figura de la primera mitad del siglo XX", simbolizando la esencia del surrealismo tanto social como estética.


Calidad contrastada

Con motivo de la instalación de esta exposición parisina, ciudad en la que Óscar Domínguez desarrolló gran parte de su trayectoria creativa, se ha editado un catálogo trilingüe (en español, francés e inglés) que cuenta con las aportaciones históricas y teóricas del profesor de la facultad de Historia del Arte Fernando Castro Borrego y Sarane Alexandrian, experto en arte, ambos presentes el pasado martes en la inauguración de la muestra.

Sus textos realizan, desde un punto de vista objetivo, una interesante reconsideración de la importancia de la obra de Domínguez en el ámbito internacional.

La muestra recoge una selección de diversas piezas pertenecientes a todas sus etapas creativas, desde la surrealista, Frutero come-frutas (1949), pasando por la cósmica, esquemática, las decalcomanías, Decalcomanie interprétée avec ouvre-boîtes (Decalcomanía interpretada con abrelatas, 1936); hasta el objeto Ouverture ou París (Apertura o París, 1936). Algunas de estas obras, que pertenecen en su mayoría al Instituto Óscar Domínguez de Arte y Cultura Contemporánea (IODACC) se exhiben por primera vez en París.

Con una cuidada precisión, Sarane Alexandrian define al artista tinerfeño como "un pintor original, fogoso, de fuerte temperamento, cuya inspiración, rebosante de humor negro, es a veces de una crueldad inexorable". Este autor realiza en el catálogo un balance de la peripecia creativa de Domínguez a través de una confrontación ejemplar con Victor Brauner, otra gran figura de la plástica surrealista.

Para Alexandrian, que describe al pintor canario como "el hombre de la fatalidad", hubo tres hechos infortunados que marcaron su vida: el primero "le hizo provocar el accidente de Victor Brauner en 1938", en el que perdió un ojo; el segundo "lo colocó bajo la dependencia de Picasso a partir de 1942"; y el tercero "lo impulsó a mantener una relación con Marie-Laure de Noailles desde 1951 hasta su muerte". El desarrollo de la obra pictórica de Domínguez, a juicio de Alexandrian "está tan vinculado a estas tres fatalidades que solo pueden entenderse si se valoran con precisión sus diferentes aspectos".
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