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LA CONTRAPORTADA
Quad
JAIME PÉREZ-LLOMBET

No creo que sea algo personal. Al fin y al cabo, el quad se limita a hacer lo que le ordenan, luego, difícilmente puedo cogerla con la pobre máquina. Bastante tiene con el membrillo que se le sienta encima. Empeñado en demostrar que no hay otro bobo tan bobo como él, el pecado del tronco que conduce el quad no es que vaya jugándose su vida, no, qué va, lo que jode es que con su bobería puso en riesgo la de quienes nos lo cruzamos, ayer, por una calle de Santa Cruz que no viene al caso.

Por eso discrepo de quienes se meten con el pobre quad. No creo, insisto, que se le pueda reprochar absolutamente nada. Al quad le fabricaron las piezas, se las juntaron, pusieron encima la carcasa pintada de rojo, lo metieron en la bodega de un barco y de ahí al escaparate hasta que un día, un mal día, un día desgraciado y ruin, entró en la tienda el ganso que ayer se puso a dos ruedas, agrediendo acústica y cardiovascularmente a los que en ese momento pasábamos por su triste vida de payaso sobre cuatro ruedas (si lo que quería el maceta de la gorra ladeada y la tortilla en la cabeza era ir a dos ruedas y no a cuatro, ¿por qué carajo no se compró una moto?). Al quad, como digo, lo hicieron y lo vendieron.

Al mequetrefe de ayer, al niñato que confunde al quad con un torito mecánico, al Beckham de pachuli y sucedáneos lo trajeron al mundo y, visto lo visto, lleva veinte años buscando -sin éxito- la puerta por la que se sale del infantilismo. Pero no, claro que no debemos cogerle manía al quad. Bastante desgracia ha tenido con la que el destino le tenía preparada (no debe ser sencillo llevar encima a tamaño maceta); con eso y con la evidencia de que blindados gracias a sus ancestros rurales algo parecido a la alegalidad, los quad son a la ciudad lo que un oso polar al desierto, pues ya me contará el tornillo de ayer qué ventajas tiene una cosa que si llueve te mojas como si fueras en moto y, a diferencia de éstas, si hay cola te la tragas como si fueras en coche. Pero, ojo, allá la máquina con su personalidad. A lo que voy es a que la tentación es acordarte de la madre del quad, cuando es evidente que de los dos que ayer se me echaron encima sólo tiene madre el que iba arriba, y ella tampoco tiene la culpa de tener en la calle a un niñato al que, a la vista está, le pone como una moto -o como un quad- ser el más imbécil del instituto.

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