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Felices…en el ¿trabajo?

   

Imagen de varias mujeres de la Armada. | DA

VERÓNICA MARTÍN | SANTA CRUZ DE TENERIFE

La semana pasada una empresa de trabajo temporal hacía pública una particular encuesta: “Más del 88% de los niños canarios consideraba que sus padres eran felices en el trabajo”. Quizá los progenitores expresen a sus hijos la mejor parte de su vida laboral pues esa optimista estadística no se relaciona con la vida laboral real. Otras estadísticas bajan un poco esas cifras y, por ejemplo, según el Barómetro 2010 de clima laboral motivación y bienestar en el trabajo, elaborado por Edenred y la Escuela de Negocios de IESE, el 61% de los encuestados se muestra satisfecho con su situación profesional y la motivación permanece en un 67% de los casos.

Pero la pregunta es: ¿se puede ser feliz en el trabajo? La respuesta es un rotundo sí, aunque siempre con peros.

El psicólogo y coach Antonio González de Chávez asegura que es muy probable ser feliz en el mundo laboral cuando uno tiene la “suerte de tener un trabajo donde hay una alta correlación entre los valores personales y la dedicación laboral”. Eso es lo que ocurre, por ejemplo, en un médico que ha elegido esa carrera por una vocación de servicio a los demás. Sin embargo, la realidad es que “normalmente esa es la excepción”.

Entonces, ¿solo las personas que tienen trabajos vocacionales pueden disfrutar y ser felices esas horas al día que pasan trabajando? El coach responde: “No, cuando no coinciden, lo que logra la felicidad es ver el trabajo como una posibilidad de aprendizaje y de crecimiento”. La idea es que “las cosas que no te gusten de tu labor diaria las veas como una posibilidad de seguir aprendiendo”. Esto es lo que garantiza el bienestar pero “para ello es imprescindible tomar una conciencia muy clara con respecto al trabajo actual y a tus valores”.

Eso es lo que permite “estar en el trabajo con serenidad, entusiasmo y, sobre todo, no angustiarse porque no se ven esperanzas en que este trabajo actual te va a permitir conseguir algo superior”. En este sentido, aconseja a los trabajadores a “conocer sus valores, sus aspectos valiosos y capacidades. Y reconocer lo que aún no se sabe como incentivo para alcanzarlo”. Recuerda un cuento de dos picapedreros a los que se les preguntó qué hacían: “Uno respondió, picar piedras; y el otro, que construía una catedral”. Ambas cosas eran ciertas. Es una cuestión de visión.

Cambios estructurales

Estos tiempos de crisis han modificado muchas cosas en el plano laboral. Una de ellas es que casi todos los expertos insisten en que es necesario introducir nuevos conceptos a la hora de medir indicadores y resultados económicos. Ahora, la gran baza que deben primar las organizaciones empresariales está en la innovación y en la creatividad. “Y, además, estos dos elementos esenciales para el cambio no residen en una única parte de la empresa sino debe asentarse en todo el personal de la misma”, explica el consultor y bussines angel Enrique Fárez. En este nuevo e imprescindible panorama entra un concepto que puede resultar muy alejado de la economía pero que ya muchos consideran clave para el avance: la felicidad de todos sus miembros.

Lo que está claro es que la percepción del trabajo varía y se verá modificada con la implantación de nuevas organizaciones.

Fárez insiste en que tanto la empresa como el trabajador tienen que cambiar. “Hay que pasar del modelo infantil y paternalista en el que el jefe era de ordeno y mando y el empleado solo se limitaba a obedecer órdenes sin sentirse parte de las decisiones”, insiste Fárez. Tanto uno como otro experto remarcan que es esencial dejar de buscar culpables siempre en el “otro lado”. De Chávez remarca “hay que dejar de cargar las culpas solo en el otro y ser consciente de que la responsabilidad ocurra lo que ocurra es de uno mismo”.

De Chávez: “Hay que dejar de cargar las culpas en el otro y asumir la responsabilidad”

Esta es la forma de crecer como organización en el mundo competitivo donde ya no basta producir en masa sino hay que aportar algo más al mercado. “El problema es que en muchas empresas, tanto los trabajadores como los jefes están centrados en el microclima de sus paredes y se olvidan de que realizan una labor que debe satisfacer a un consumidor. Se olvidan de que su misión principal está en su cliente”.

El psicólogo explica una situación muy común: la negatividad colectiva que lleva a las empresas a convertirse en tóxicas con trabajadores infelices. “Una vez que el fatalismo se ha instaurado en una organización, normalmente se convierte en rumores o en críticas negativas por la imposibilidad de hablarlo de otra manera”, explica De Chávez. Por ello, recomienda establecer flujos oficiales de conversación para que todas las partes puedan “exponer sus ideas y temores, sentirse escuchados y valorados”. Insiste en que “cuando esto ocurre, estas personas ya se sienten muchos más capaces de cualquier cambio y de aceptar la realidad”.

Este modelo de empresa más dialogante va en consonancia con los nuevos modelo de negocio: “antes la idea era tú pierdes para yo ganar; ahora debe sustituirse por el tenemos que ganar todos”.
Por lo visto, según los expertos en eso consiste la felicidad laboral. ¿Nos atreveremos?

[apunte] Claves

Cambios. El consultor empresarial Enrique Fárez insiste en que “en la empresa como en la vida es muy importante aceptar que todo cambia. Eso puede ayudarnos a no estar intranquilos ante los cambios y estar preparados para cualquier cosa sin que nos afecte al ánimo”.

Diálogo. Las empresas modernas deben basarse en dos elementos fundamentales: el diálogo y la creatividad. Ambas cosas son las que llevan a la innovación necesaria para crecer. Y en esto es donde se vuelve esencial el bienestar de todas las piezas de la organización.

Nuevas situaciones. Enrique Fárez insiste en que “los dueños de las empresas tienen que entender que deben colocar a los trabajadores en una situación distinta y estar dispuesto a aceptar que te digan que te estás equivocando para corregir decisiones erróneas”. Además, aconseja fórmulas más creativas de remuneración donde sea viable compartir una serie de beneficios. “Es algo que tiene que ver con la responsabilidad y el desarrollo humano”, remarca.[/apunte]