X
EL DARDO > POR LEOPOLDO FERNÁNDEZ

Fusiones imposibles (III) > Leopoldo Fernández

   

Lo he dicho días atrás, y lo reitero. No es bueno para Canarias que desaparezcan las entidades financieras propias. CajaCanarias y la Caja Insular de Las Palmas se han ido cada una por su lado, con socios diferentes y dependencia de centrales establecidas en Madrid. El mismo camino ha decidido iniciar la Caja Rural de Canarias, al acordar integrarse en Cajamar, una entidad peninsular en apuros económicos, abandonando las avanzadas conversaciones de fusión que mantenía con la tinerfeña Cajasiete, que goza de confortable situación económica merced a unas ratios económicas envidiables. No es que la fusión de estas dos Cajas sea la panacea ante las iniciativas reguladoras existentes, pero su modesto cinco y pico por ciento de cuota de mercado regional representa hoy por hoy la única canariedad reflejada en domicilio social y capital totalmente isleños. Ambas instituciones privadas, con un conjunto de más de 60.000 socios, desarrollan un modelo eficiente de banca cooperativa, de fuerte implantación en el sector primario, con buena capitalización, liquidez y solvencia, escasa exposición al riesgo inmobiliario y un cuore capital en torno al 13%, cuando el mínimo legal está fijado en el 8%; un modelo que se ha mostrado muy útil como motor económico y social de relevancia, potenciador además de las economías de escala y generador de sinergias. Creo que los intereses estratégicos de Canarias pueden defenderse mejor fusionando y agrandando el tamaño de aquellas empresas e iniciativas locales que, por encima de su fragmentación, son capaces de aunar esfuerzos, compartir clientelas y defender singularidades históricamente contrastadas. En este caso así lo recomendaban los expertos y analistas. Si Canarias pierde el escaso músculo financiero que le queda, si los políticos persisten en su miopía y no influyen -hasta donde sea legítimo, porque no se puede obligar a nadie a ir contra su voluntad- para modificar el sesgo de los acontecimientos, tendrán que explicar a los electores su evidente falta de interés y pasotismo. No es lógico que una fusión -aún no consumada, porque debe aprobar sus términos concretos el Consejo Rector- de dos entidades canarias se vaya al garete por el voto único de una persona y por la actitud interesada de un director general empecinado; voto y actitud que pueden llevar a la Caja Rural de Canarias a una guerra civil interna a la hora de someter el asunto a la asamblea general. No sé si la entidad resultante podrá por sí sola sobrevivir a las tensiones; pero siempre será preferible unirse y tratar de mantener una canariedad a la postre más que recomendable.