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TIEMPO AL TIEMPO > POR JUAN JULIO FERNÁNDEZ

Una amenaza que se ignora

   

Ante la indiferencia de gran parte del mundo, Israel avanza, paso a paso hacia una situación de acoso que puede degenerar en irreversible y conducir a una guerra por la supervivencia del único estado democrático de Oriente Próximo y de consecuencias incalculables. En la última semana han coincidido tres hechos que revelan la magnitud del problema.

Turquía ha elevado el nivel de agresividad de su discurso contra Israel; el nuevo egipcio ha excitado un movimiento antijudío y luego se ha visto desbordado por él lo que ha llevado al asalto de la embajada de Israel en el Cairo; y la Autoridad Palestina ha aumentado su ofensiva que se acepte la proclamación unilateral de un Estado palestino sin fronteras pactadas con Israel. Examinemos cada uno de esos desafíos y su importancia.

Turquía, país islámico, aunque no árabe, e integrado en la OTAN aunque con gobierno islamista en estos momentos, lleva años redefiniendo su política exterior e intentando hacerse un papel de liderazgo en la región.

Así, ha comenzado a limar sus disputas fronterizas con Irán y Siria y a poner mano dura sobre el grupo terrorista kurdo PKK sin afectar a sus relaciones con Irak, donde se refugia.

El precio puesto a estos cambios es distanciarse de Israel, aliado tradicional de los turcos, con un tratado de colaboración en asuntos de defensa, ya que los dos han estado tradicionalmente amenazados por árabes e iraníes y Turquía ha sido, y es, aliado de EE.UU.

Egipto, país árabe que reconoció a Israel, lo que costó la vida a manos de islamistas, de su presidente Sadat, está en pleno cambio y el gobierno militar, que no quiere romper con Israel sí acepta relajar la colaboración para ganarse el apoyo de los Hermanos Musulmanes. Esta relajación conduce a un reforzamiento de la amenaza terrorista de Hamás desde Gaza con más armas y menor vigilancia desde el sur.

Y finalmente, la ANP, amenazada también por Hamás, quiere proclamar unilateralmente un Estado sobre las fronteras de 1967, que dejan a Israel totalmente vulnerable por el Este, sin garantías y arrinconado contra el mar.
Esos son los datos, las consecuencias no se conocen. Pero una derrota de Israel es, además, una derrota de Occidente y de las libertades.