Latinoamérica se vale de un refrán para justificar sus éxitos y sus crisis: “Cuando Brasilia estornuda, toda América Latina se resfría”. Y tiene razón. Porque no es exagerado afirmar que Brasil es la Alemania de Sudamérica.
Esa suerte de locomotora, como decimos aquí con respecto a nuestros vecinos teutones, cuya economía impulsa de manera preponderante todas las economías vinculadas a ella. Brasil es una superpotencia que participa actualmente en el G-8 y el G-20, y tiene voz propia dentro de foros internacionales en lo político, lo social, lo jurídico-institucional y lo económico.
Pero todo lo que ello tiene de positivo, también lo tiene de negativo, pues es la economía latinoamericana más vinculada al Primer Mundo y la más expuesta a la actual crisis, junto a la Unión Europea y EE.UU.
Además de gran exportador a esos mercados hoy retraídos, se trata de un país de unos cien millones de habitantes/consumidores de los cuales casi el 50% puede ser considerado clase media y que los últimos quince años han sido importantes compradores de sus vecinos, pero que ahora comienzan a sentir los efectos de la crisis mundial y reducen su consumo, por lo que toda la región, en especial sus socios del Mercado Común del Sur (Mercosur: Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), pagan ya las consecuencias al tratarse de sus principales vendedores.
Hace pocos días Brasil ha devaluado su moneda, el real, beneficiando con ello a sus productores locales, y ha reducido la importación de bienes industrializados y materias primas ante la caída del consumo interno como consecuencia de esa devaluación.
Los efectos en sus vecinos han sido inmediatos. Solo en Argentina, el sector metal-mecánico ha anunciado que deberá suspender actividades enviando a sus casas a miles de trabajadores, pues las plantas ensambladoras en Brasil no recibirán sus recambios, como ya ha confirmado Fiat, ante la caída de las ventas.
De trasladarse esta situación a otros sectores del intercambio entre miembros o no del Mercosur, el contagio del resfrío de Brasilia puede llegar a contagio de una epidemia de gripe A, A de ahogo continental.
Valga un ejemplo: con un real -moneda nacional brasilera- sobrevaluado, el sector turístico continental e internacional optaba por ofertas fuera de Brasil, pero ahora encuentra a sus playas nuevamente atractivas como consecuencia de los costos devaluados, por lo que también en este sector países como Argentina y Uruguay, que habían visto incrementar exponencialmente su facturación tanto en recepción internacional como en turismo interno, volverán a sufrir una fuerte caída de visitantes.
Brasil es la Alemania de América Latina. Cíclicamente es su mayor benefactor. Cíclicamente también su mayor verdugo. Casas más, casas menos, parecido a la Unión Europea.
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