Las dos horas de la pelÃcula de René Féret se deslizan a media luz, pausadas, entre acordes de música barroca, mientras vemos a Nannerl, la hermana de Mozart, arrojar a la chimenea sus sueños. Primero arderá el libro del sexo prohibido, siendo mujer está reservada para un solo hombre y no deberá tomar la iniciativa en asuntos amorosos; más tarde quemará sus propias composiciones musicales y renunciará a la creatividad. A la sombra de su padre, y luego de su hermano, MarÃa Anna se va difuminando, resignando y borrando, como antes -y también después de ella- lo hicieran otras tantas creadoras anónimas y arrinconadas; y es casi como si se las oyera gritar antes de desaparecer perdidas en un bosque de injusticias, engullidas por los autores de la historia. Con su abandono vocacional remueve todas las razones de mi feminismo temprano.
La pelÃcula está viva porque la historia de la probada pérdida de su talento, del que tenemos noticia por varias fuentes, permanece y conmueve. Nacida en 1751, con solo 7 años de edad, Nannerl tocaba ya el teclado y destacaba como intérprete de clave. Poco tiempo después su padre recorrÃa las cortes de Europa, haciendo escala en Viena y ParÃs para exhibir el indudable talento de sus dos hijos: Wolfgang y Anne Marie. No obstante, la hermana de Mozart siempre estuvo relegada a la interpretación vocal y a la clave, pues la práctica de otros instrumentos, lo mismo que la composición, le fue siempre vedada. A partir de sus 18 años ya tampoco se le permitió mostrar su talento en los viajes con su hermano, por haber alcanzado la edad de contraer matrimonio. Y qué aterradora resulta la imagen de la joven disfrazada de hombre para poder tocar sus propias composiciones al violÃn; o la insistente negativa de su padre a enseñarla a convertir sus intuiciones sonoras en notas musicales, como sà hizo con Mozart. Las puertas del aprendizaje cerradas para ella, mientras su progenitor adiestraba incansable a su hermano para la posterioridad. Según cuentan distintos cronistas, en los años siguientes, mientras Amadeus triunfaba artÃsticamente en Italia junto a su padre, su hermana permanecÃa muda en casa, aunque a través de cartas elogiosas del propio Mozart sabemos que escribió composiciones musicales, sin que sobreviviera ninguna de ellas.
Según distintas biografÃas, Nannerl se enamoró de su tutor privado pero fue forzada por su padre a desechar su propuesta de matrimonio. Finalmente se casó con un magistrado millonario, un viudo con cinco hijos a los que ella ayudó a cuidar, junto a los tres propios, en una villa cercana a Salzburgo. Pero Marianne se mantuvo siempre sometida a los designios de su padre, incluso hasta renunciar a criar a su primer hijo -llamado Leopold- en beneficio de un progenitor que pretendÃa adiestrarle musicalmente desde niño, y con quien permanecerá hasta su fallecimiento. Años después, ya viuda, la hermana de Mozart regresará a Salzburgo donde se dedicará a la enseñanza de la música. Nannerl murió ciega, débil y sin habla en 1829. Pero ya desde mucho antes se encontraba presa del silencio.
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