sin objetividad >

Al borde de un ataque de nervios > José Antonio Felipe Martín

Si Chus Lampreave o Rossy de Palma llegan a aparecer en el transcurso de la Junta de Accionistas del Tenerife Baloncesto el pasado viernes, la directiva blanquiazul habría logrado reunir todos los ingredientes de una película de Pedro Almodóvar. Lo que viví allí al lado de mi querido y admirado Pablo Albelo rozó el esperpento valleinclanesco. Intentas que salga así de disparatada y no te sale. Llegué a creer que habían actores contratados al efecto, que había cámaras ocultas.

Sinceramente, no sé demasiado lo que quiere la Fundación. No creo que auténticos radicales que quiere hundir al Tenerife deciden por él, es otro disparate, pero sé, porque lo conozco bien, que Manolo Gómez es un tipo legal, que va de frente y que por el Tenerife Baloncesto dio mucho. Sin él, como persona conciliadora que es, la entidad, tantas veces atacada y humillada habría estado a la altura a la que la han dejado los actuales rectores. Sí, confío y creo en Manolo Gómez como él siempre creyó en mí a pesar de vivir momentos delicados. Estoy con él. Lo merece.

Los ataques de los allí presentes se centraron en él a pesar de que el presidente de la Fundación, Victoriano Rodríguez, estaba allí, en la mesa de la directiva, pero claro, como dirigente blanquiazul, no como de la Fundación.

Para completar la cuadratura del círculo, dos apuntes a la altura de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? o Kika: a la hora de llevar a cabo la aprobación de las cuentas, José Yumar, aún en la directiva, votó en contra de las mismas. Jamás había visto a ningún dirigente votar en contra de su propia gestión.

La cosa tiene trampa. A Yumar, que era un fenómeno cuando llegó a pagar de su bolsillo viajes y hasta la comida de algunos jugadores, ya no es del agrado de Padrón y Rodríguez porque se ha salido del redil. Para mí, a Yumar lo han utilizado y cuando no ha servido lo han expulsado de la directiva, en la misma Junta, tras un alegato de Fran Padrón intentando dar dignidad a la cosa.

El otro, no podía faltar. José Manuel González Navarro, la novia en la boda y el muerto en el entierro, amenaza con tomar acciones legales contra la Fundación como ya dijo que lo haría contra algún directivo anterior mientras recuerda que la actual directiva sufre una herencia envenenada. La que él dejó en su día sigue sin ser superada. Me han dicho que le deben dinero y que por ello lo han metido en la Comisión de la fusión. Ahora, incapaces, miran hacia atrás, a echar la culpa al que no está mientras sueltan alguna bravuconada. Si la situación no fuera lamentable sería de comedia almodovariana.