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Que entren los payasos > José Carlos Alberto Pérez-Andreu

Interpretado por magistrales voces, Barbra Streisand canta como nadie un fabuloso himno que lleva por título Send in the clowns (Que entren los payasos). Quizás, y solamente quizás, esa debería ser la melodía que el responsable de Protocolo del Ayuntamiento de Santa Cruz, Manolo Pío, le debiera sugerir al alcalde Bermúdez como llamada para determinados plenos de degradada categoría, como el ocurrido el pasado viernes. A finales de la semana pasada, y en un alarde de totalitarismo que se pasó por las vergüenzas cualquier presunción de inocencia conocida, los ofuscados concejales de Sí se puede, Por Tenerife, Ciudadanos de Santa Cruz y la cuadrilla de Julio Pérez, que ya no acierto a saber qué demonios representa, pidieron el “rechazo social y político” de los imputados en el caso Las Teresitas. ¡Y éstos eran los progres!

En un patético pleno, que comenzaba a las nueve de la mañana y terminaba a las cinco de la tarde, los que se jactan en atacar el despilfarro público se embolsaban dietas a costa de querer enjuiciar en nombre de Santa Cruz a personas inocentes y declaradas así por la justicia. Esto es tan disparatado que uno no sabe ni a qué imputados se refieren ¿A todos? ¿A los que lo han estado y ya no lo están? ¿Quizás únicamente a los que les conviene? En una causa que está en su recta final, y que ha evolucionado judicialmente en el tiempo exonerando del delito de cohecho a los principales protagonistas, estos representantes minoritarios me dan miedo. Y ahora el indignado soy yo. Estos no me representan porque no conocen a Montesquieu ni de oídas.

No entiendo como Julio Pérez, respetable abogado y, entre otros asuntos, exsecretario de Estado de Justicia, deja con el trasero al aire a todo lo que representa, y que no es otra cosa que, además de su talante, a la izquierda más centrada e ideológicamente formada que ha tenido Santa Cruz. ¿Cómo es posible que Julio quiera que nuestra ciudad repudie públicamente (por ejemplo) a Emilio Fresco, José Luis Martín o Herminia Gil, a los que los tribunales han absuelto de absolutamente todo? ¿O cómo es posible que Cristina Tavío no defienda la honorabilidad de una persona como José Emilio García Gómez, exconcejal del PP (exalcalde de Santa Cruz) dando orden a su grupo de que se abstuviera en la votación de marras?

Al final, Santa Cruz no se persona como acusación particular en el caso Las Teresitas por el voto de calidad del alcalde Bermúdez, que, tras el empate del pleno del pasado viernes, ha demostrado que es el líder más coherente de la Casa de los Dragos. Con la agonía vecinal que padecemos, a los que yo creí cuando gritaron que había que sacar a la ciudad del pozo, resulta que están anclados en el pasado y en el rencor, ejecutando la sinfonía del cinismo más absoluto.

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