
VICENTE PÉREZ | Vilaflor
El frente activo en los montes de Guía de Isora era ayer motivo de preocupación por el riesgo de que pudiera adentrarse en el vecino municipio de Santiago de Teide, desde donde la masa boscosa ya es continua hacia el Norte de Tenerife. Los medios aéreos comenzaron a actuar en este punto pasadas las 11.30 horas, dos días después de que el incendio alcanzara a los altos de Guía de Isora. A esa hora llegaron los helicópteros y, media hora después, los hidroaviones.
El perímetro del incendio, en una franja que comprende montes de Adeje, Vilaflor Guía de Isora y una pequeña franja de La Orotava (en Las Cañadas) ronda ya las 4.000 hectáreas, aunque la superficie quemada se sitúa en unas mil, según el Cabildo.
El jefe de sección de Protección Civil y Emergencias del Gobierno canario, Humberto Gutiérrez, mantiene la esperanza de que no progrese el fuego porque es una zona de coladas volcánicas. El alcalde isorano, Pedro Martín, era menos optimista. Mostraba, eso sí, su comprensión con el hecho de que los medios aéreos existentes dieran prioridad a proteger a la población de Vilaflor, pero no ocultaba su disgusto por ver arder la mejor masa forestal del municipio, en los barrancos de Tágara y Niágara. “Ya no se trata de apagar el fuego, sino, por el momento, de evitar que llegue al monte de Chío y de Santiago del Teide, pues entonces se nos puede meter también en el Norte”, explicaba al mediodía con evidente inquietud en el centro de operaciones, situado en el restaurante La Estrella, en la carretera de Chío a Boca Tauce. Y así se lo hizo saber ayer por teléfono al presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero.
El gran susto llegó pasadas las 15.00 horas, cuando un grupo de bomberos voluntarios de Santiago del Teide se quedó cercado por el avance del fuego en el entorno de la colada volcánica, por lo que partieron de inmediato varias cubas para auxiliarles, con el alcalde al frente. Desde este punto se podía observar ayer un frente de kilómetros de largo, muy alejado de la población aún, y que quemaba, en su parte inferior sobre todo matorrales y pinos aislados. Martín calculaba que el incendio había recorrido ya unos 10 kilómetros en línea recta, desde Ifonche, en Adeje, hasta, Chasobo, en Guía. Precisamente el alcalde adejero, José Miguel Rodríguez Fraga, acudió al lugar, y pudo comprobar la situación. Aunque dijo que no era momento para críticas, sí dejó claro que una vez apagado el fuego habría que hacer una reflexión sobre los problemas para controlarlo.
Así las cosas, los vecinos de Chirche y Aripe asisten con impotencia a la tragedia de los pinos en la cabecera de los barrancos. El Ayuntamiento les ha recomendado el desalojo a quienes tengan salud más delicada, pues para anoche se preveía, al igual que la jornada anterior, que la brisa arrastrara el humo de nuevo a estas aldeas, si bien el Gobierno canario dejó claro que no existe peligro de que las llamas alcancen esta zona habitada, aunque fueran claramente visibles desde las viviendas.

[apunte]“Se ha quemado nuestro mejor pinar centenario”
El restaurante La Estrella, el último que se encuentra antes de llegar a Las Cañadas por Boca de Tauce, era el centro neurálgico del operativo: bomberos voluntarios y del Consorcio, personal de Protección Civil, Cruz Roja…y el alcalde. Marcos González, uno de los cinco propietarios del bar, gran amante de la naturaleza, lamenta que “se han quemado en Niágara y Tágara los mejores montes de Guía, con pinos centenarios que hacía muchas décadas que no se quemaban, algunos ya tan viejos que difícilmente van a sobrevivir”. Asegura que el panorama por la noche es dantesco, pues el viento sopla hacia el mar y el fuego va bajando por las laderas en un frente de muchos killómetros. Aún recuerda cómo en un incendio pasado tuvieron que cortar árboles en el entorno de otro bar de su propiedad, el restaurante Boca Tauce, que salvaron de milagro gracias a que el viento cambió de dirección. Marcos González vive en la vivienda superior del restaurante, desde donde tiene una imponente vista, en esta ocasión de una lamentable catástrofe ecológica, pero cotidianamente de las enormes laderas que han hecho los volcanes en las cumbres isoranas, donde descolla la montaña de Tejina de Isora, un enorme y antiguo cráter. “Estamos en una colada que tiene 2.400 años de antigüedad”, comenta este aficionado a la geología, a quien lo ocurrido con el municipio de Vilaflor le recuerda el desalojo que vivieron los vecinos de La Restinga el pasado año, por la erupción volcánica submarina. Precisamente allí lo encontró DIARIO DE AVISOS entonces, pues viajó a la Isla como aficionado a este tipo de fenómenos geológicos. / DA[/apunte]