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Tal y como se están poniendo las cosas en España, no sabe uno cómo va a acabar esta situación de infortunio y desasosiego, si con el país fuera del euro, suspendiendo pagos o siendo rescatado por la Unión Europea. Cada semana que pasa, el panorama general se presenta más negro que la anterior. Todos los viernes de Consejo de Ministros, y todos los lunes de inicio económico-financiero, son peores que los precedentes. Con la prima de riesgo desbocada y la bolsa en caída libre -y con medidas precautorias para tres mees, a fin de evitar operaciones más que lucrativas a corto plazo-, hablar de confianza es pura entelequia porque los mercados apuestan contra las posibilidades de que el país pueda afrontar sus compromisos de pago. Prosigue la huida de capitales e inversores, el paro no decae, la recaudación de Hacienda sigue bajo mínimos, los impuestos dan al traste con el consumo y hasta algunas comunidades piden a gritos la intervención del Estado. Por cierto, Canarias, según el presidente Rivero, de pedir el rescate, nada de nada, y eso que de aquí a fin de año tiene que pagar más de 520 millones en deuda viva… En fin, veremos, pero yo no sería tan optimista, aunque ojalá me equivoque. El caso es que el Banco Central Europeo (BCE) parece que va de oyente y no adopta medidas por las que claman las autoridades, empezando por la compra de deuda española en el mercado secundario. Dice Draghi, su presidente, que la función de esa entidad no es resolver los problemas monetarios de cada país de la eurozona, sino “asegurar la estabilidad de los precios y contribuir a la estabilidad del sistema financiero con completa independencia”. Entonces, ¿por qué compró deuda española o italiana en momentos menos delicados que los actuales? Pues nada, a seguir alimentando el ánimo de lucro de los especuladores. El ministro De Guindos reclama a Europa que acabe de una vez con la “irracionalidad de los mercados”, ya que España no tiene ni tiempo ni financiación para reducir su endeudamiento. Ya no se trata de rebajar la deuda, sino de poder pagar sus intereses, que el próximo año nos van a costar unos 38.000 millones de euros, ¡8.000 millones más que en 2012! El comisario Almunia cree que el Gobierno debe seguir haciendo reformas y ajustes y añade que la actual crisis financiera tiene solución si se ponen en práctica los acuerdos de la última cumbre del Eurogrupo, en la que se acordó flexibilizar la intervención del fondo de rescate para que pueda comprar deuda pública de países bajo presión del mercado, justo el caso español. Veremos a ver si Bruselas, o Merkel, se lo toman en serio.