De niño escuchaba fascinado los relatos de mi padre sobre hechos y personajes de La Palma. Hubo uno a quien creían corto de luces y al que mis paisanos, siempre tan coñones, mortificaban con preguntas impertinentes. Un día que alguien le pidió prestado un real, respondió: “Amasa del tuyo que con el viento no te oigo”.
El 31 de octubre de 2010 leí en la prensa que el entonces consejero de hacienda del gobierno regional, al presentar los presupuestos en el Parlamento, a modo de disculpa acertó a decir: “Somos más pobres, hay que decir lo que hay”. Un mes antes, aquí mismo escribí sobre nuestra condición de ex nuevos ricos y me hacía eco de lo dicho por el señor Ram Bhavnani: “Tenemos que hacernos a la idea de que nos hemos empobrecido y que después de años de excesos, ahora nos toca vivir en consecuencia”. Estas han sido las palabras más sensatas que he escuchado en todos estos años y aquellas, las dichas por el consejero de hacienda, la única verdad en boca de alguien del gobierno. Nadie desde las administraciones públicas les escuchó y si fueron oídos, no han actuado en consecuencia, como aconsejaba el señor Bhavnani. Más bien, como aquel palmero del relato de mi infancia, han dicho que amasemos el gofio de nuestro zurrón porque ellos, con el viento, no oyen.
Ya Rivero no repite compulsivamente que seremos los primeros en salir de la crisis. No ha vuelto a culpar a los empresarios de no hacer buen uso de las ayudas del gobierno para crear los 80.000 puestos de trabajo que anunció y tampoco se ha atrevido a pedir a nuestras cajas de ahorro que arrimen el hombro, en ese lenguaje tan coloquial que utiliza, simplemente porque ya no hay cajas. Volaron o las desplumaron, sin oír decir ni pío al señor Rivero. Ahora, con voz impostada dice que el turismo es un sector estratégico, que no hay asunto “estratégicamente más importante” para el archipiélago que la modernización del sector turístico y cree que descubrió la pólvora. Si es así, como ha permitido el deterioro de nuestra planta alojativa y del sector en su conjunto, hasta hacerle perder competitividad. Recuerdo con cierto rubor que en 2010, con ocasión de su presencia en Fitur, en unas declaraciones a TVE la presentadora lo llamaba don Paulino Rubio. Culpa a todos de nuestros males y achaca lo que llama mal trato del Estado a Canarias, a la pérdida de peso político de CC. ¿Cosas así no hacen ver al señor Rivero, don Paulino, que tal vez él tiene alguna responsabilidad?
Estamos preocupados y enfadados con la situación que padecemos y con los recortes y privaciones que parecen no tener fin. Pero lo que encoleriza a los ciudadanos es que no ven que los políticos se apliquen la misma medicina. El mismo Rivero me acusó de hablar para la galería cuando, desde hace años, he reclamado una y otra vez la reforma y contención del gasto en las administraciones canarias. No cierra empresas públicas innecesarias y crea otras nuevas con el informe negativo de los técnicos de hacienda.
En la TV canaria pasan cosas escandalosas y de la policía autonómica qué decir. Algunas instituciones siguen con planes de expansión y adquisición de nuevos edificios. ¿Por qué algunas de ellas tienen abiertas oficinas en todas las islas? Se sigue soñando con proyectos faraónicos. Siguen abusando de los coches oficiales, no solo los cargos públicos sino sus familiares y allegados, hasta para ir a tomar un cafelito en el bar del pueblo. Esto y más es lo que cabrea al pueblo, que pregunta ¿Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?