El equipo de profesionales que representa Efraín Medina logró desvirtualizar y vestir de gala un complejo y, en demasiadas ocasiones, acomplejado mundo. Me refiero al de lo social media, las redes sociales o el 2.0, como prefieran llamarlo. La pionera iniciativa que puso sobre las tablas con dinámica maestría Juan Carlos Armas intentaba distinguir a los más punteros de ese ecosistema (todavía tan por asentar). En él se entremezcla la mejor profesionalidad con la mediocridad y la vanidad más asombrosa. Cuando me asomé a este universo en Barcelona de la mano Manuela Battagini, me cautivó la sencillez que desprendían muchos de sus grandes popes. Hablo quizás de Álex Puig y Nuriet Mañé. O cracks de la talla de José Antonio Rodríguez, alcalde de un municipio granadino llamado Jun. Todos interactúan con legiones de seguidores y son personas tremendamente humildes. Mientras aquí se dedican a esto cuatro gatos, y tres andan todo el día peleados e intentando hacerse la puñeta, el mundo digital avanza por otros derroteros absolutamente más globales; y es que lejos de la limpia competencia, para determinados advenedizos del 2.0, su vida digital es el fiel reflejo de su desgraciado devenir aldeano. La noche de los premios casi amanezco en El Faro de Adeje con la grandiosa Gaby Castellanos y otro fenómeno como Alfonso Alcántara. Ambos son iconos internacionales y formaban parte del jurado. Lejos del SM, con ellos, Carmen Martín y Rosalba Díaz, entre otros. Nos dieron las tantas hablando de sexo, mentiras y cintas de vídeo; y riéndonos a mandíbula batiente bajo las estrellas. Claro que sí hay mucha excelencia digital en Tenerife, y además estoy convencido que será ésta la que irá premiando día a día a los buenos y dejando en evidencia a los vendedores de humo, que no son pocos. Qué feliz iniciativa la de Efraín.
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