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Malí – Perplejita Me Hallo

   

La que está liada en Malí, que por cierto, suena exótico pero está ahí al lado, como quien dice. Una panda de fanáticos religiosos armados hasta los dientes nunca es cosa buena (ya se trate de unos tipos de Alabama o de unos islamistas africanos), y menos aún cuando pretenden hacerse con el control de unos recursos que te vienen bien para tus cosillas nucleares. Y François bien que lo sabe.

Las milicias islamistas que ahora pugnan por hacerse con el país ya controlan una parte. Aterra pensar que son radicales del estilo talibán, con una interpretación tan rigurosa como ridícula de sus normas religiosas y legales. Así, por ejemplo, proscriben la música y el canto, sin haber escuchado siquiera reggaeton, lo cual al menos les daría un argumento.

Su intransigencia, fusil en mano, está enmudeciendo a los griots. Son los depositarios, en Malí como en otros países de África, de la historia, transmitida de forma oral mediante canciones y poemas. Desde nuestro Occidente repleto de libros y bibliotecas puede no entenderse la importancia capital de estos juglares africanos; donde no hay tradición escrita, ellos son los libros de historia, de fantasía y de memoria colectiva, todo en uno. Si ellos callan, la historia se borra.
Ojalá de aquí a veinte años, los griots puedan cantar historias sobre cómo sus padres pudieron seguir cantando.

(No soy de dar consejos, pero si tienen tiempo e interés en acercarse a la vida en África, lean y disfruten Ébano, de Ryszard Kapuscinski)