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Mira qué basura – Por Conrado Flores

   

Si me hubieran dicho hace unos meses que dos televisiones diferentes iban a emitir en prime time dos programas idénticos en los que personalidades de la talla de Falete o Lydia Lozano competirían por ser quien mejor se tira al agua… Sí, me lo hubiera creído. Es más, hubiera pensado que iban a ser un éxito de audiencia. Y si el mes que viene Antena 3 pusiera Famosos en la bolera y Telecinco Mira quién lanza, también lo serían. Parece mentira pero llegada esta hora del día, la emisión de contenidos para adultos lleva en marcha ininterrumpidamente desde la 13.00.

Cuando yo llegaba a casa del colegio me sentaba a tomarme la merienda viendo espacios infantiles como Un globo, dos globos, tres globos. Recuerdo -hoy parecerá increíble -cómo María Luisa Seco aclaraba a los niños que la música que habíamos escuchado durante un cuento animado pertenecía a la obra Cuadros de una exposición, del compositor ruso Modesto Mussorsrky. No está mal para no ser “la generación mejor preparada de España”. También estaban La cometa blanca, en la que aprendíamos geografía, ciencias naturales y cultura general a través de cuentos y animaciones, programas juveniles de divulgación científica como 3, 2, 1… Contacto o el surrealista Planeta imaginario. Todos estos espacios pertenecían a esa sagrada franja infantil y juvenil que hoy ocupan las telenovelas, los talk shows o atrocidades como Sálvame.

En 1990, jóvenes ilusos como yo pensábamos que las cadenas privadas nos traerían aún más y mejor pero lo único nuevo que trajeron fueron concursos patéticos y ridículos programas de variedades como Tutti Frutti, Ay qué calor o Bellezas al agua protagonizados por grupos de bailarinas semidesnudas como las Chicas Chin-Chin, las Mamachicho o Cacao maravillao, que salían injustificadamente en pantalla cuando menos lo esperabas bailando al son de estúpidas tonadillas de órgano electrónico.

Ahí acabó y empezó todo. De ese modo llegamos hasta el actual culto al famoso light, ese que fue novio de alguien o que ganó no sé qué concurso de belleza. Los hemos visto responder preguntas, cantar, bailar, hacer monólogos y hasta sobrevivir en una isla desierta.

Ahora toca verlos darse un chapuzón dos veces en semana. Confío en que los niños estén en la cama y sus padres no tengan la papeleta de explicarles de qué es famosa esa tal Olvido Hormigos.