El panorama de la ciencia en España es así de desolador: al mejor físico joven experimental de Europa, el gallego Diego Martínez Santos, de 30 años, su propio país le condena al destierro científico. No tiene espacio investigador para él, no le considera suficientemente preparado; le niega el pan y la sal del trabajo porque “está por debajo de la media” curricular exigible. Resulta que el Gobierno pone en marcha el Programa Ramón y Cajal, ideado desde la Secretaría de Estado de Investigación para recuperar los cerebros que laboran en el extranjero en los asuntos de I+D+i, y al pobre Diego lo dejan literalmente tirado. Su experiencia no está a la altura que exige la comisión de evaluación encargada de decir sí o no a quienes solicitan una de las 175 becas para poder regresar a España con el pan asegurado durante al menos un quinquenio -a su término todas son incógnitas-, a razón de 33.720 euros año, que cubren salario y cuota empresarial de la Seguridad Social. Esto ocurre, ya es casualidad, el mismo día que la Sociedad Europea de Física otorga a Diego el premio citado por sus hallazgos en un experimento del Gran Colisionador de Hadrones (LHC), en el CERN de Ginebra -donde se detectó el famoso bosón de Higgs-, relacionado con las interacciones entre partículas elementales.
Los investigadores europeos han quedado entusiasmados por la originalidad y calidad del trabajo de Diego con el mesón B o partícula de la extraña belleza, de ahí que su nombre haya corrido de boca en boca en cuestión de horas. Como apuntó Kant durante una conferencia universitaria, “muy grande puede ser una injusticia aunque sea muy pequeño quien la reciba”. Gracias a una beca posdoctoral, Diego tiene un contrato de tres años con el Instituto de Física de Partículas de Holanda, una de las mejores instituciones de Europa en ese campo, donde dirige, pese a su juventud, un equipo investigador. Aunque confiesa que está contento, prefiere currar en su propio país antes que continuar, incluso con puesto permanente, en el instituto holandés. Su duro peregrinar en busca de ayuda y trabajo en España contrasta con las facilidades concedidas el mismo día de autos -otra triple casualidad, aunque también causalidad- a la guapa exMiss Baleares, la jovencita veinteañera y periodista Verónica Hernández, que no tiene un pelo de tonta y acaba de ser contratada como secretaria personal por el presidente de la comunidad balear, el popular José Ramón Bauzá, con un salario de 50.000 euros mal año más dietas. Y es que la belleza, que no siempre se detiene en la inteligencia, puede ser la mejor carta de recomendación y a su lado cualquier otro mérito parece un pariente pobre de solemnidad.
