Por VERÓNICA MARTÍN
Hay momentos de cambios en la vida que le dan a uno por dejar atrás el pasado y emprender nuevos retos. Esta gran crisis económica ha llevado a muchos a adaptarse y convertir el cambio en una forma de vida. Algo, además, que se ha convertido en positivo. Beatriz Soliva ha experimentado todo eso en su vida en los últimos cuatro años y el optimismo se ha convertido en su bandera. Después de hacerse la sesión de fotos en Bodegas Tajinaste y vestida con ropa de la colección Ecco de Óliver Hernández ,le parecía un buen día hasta para dejar de fumar. Y lo hizo. Es maña y vino a Tenerife a trabajar unos meses en 1992 y, desde entonces, es ya una más.
-¿Qué tal lleva lo de dejar de fumar?
“Hoy [el día de la entrevista] es el sexto [el de la sesión de fotos fue el primero]” (Lo dice con orgullo y una gran sonrisa).
-¿Cuántos años llevaba fumando?
“Veinte y solo paré cuando estaba embazarada pero… luego lo volví a retomar”.
-Lo bueno, es que dejar de fumar será uno de los mayores logros de su vida… ¿acostumbrada a las metas?
“Sí, siempre me voy marcando retos en mi vida y ahora necesitaba un cambio fuerte. Hace un año me metí a regentar una cafetería y fue un reto importante porque jamás me había dedicado a algo así pero acabo de traspasarla porque era algo que no me aportaba lo que sí lo hace el mundo del vino. Así que tomé la decisión de dejarlo y centrarme en mi profesión de sumelier. Por eso, en este momento de cambio decidí que era el de dejar de fumar. Llevaba tiempo planteándomelo y la semana antes de cerrar la cafetería [y de hacer esta entrevista] puse el día del punto y final”.
-¿Cómo empezó en el mundo del vino? ¿Es raro ver una mujer sumelier o es un mito?
“Es habitual que se piense que no es una profesión femenina pero es más una idea que se tiene que una realidad. Hay muchas mujeres a las que les gusta el vino y que lo convierten en su profesión. Como yo, que empecé por afición. He trabajado siempre en el sector del turismo, desde que llegué a la Isla en 1992 y en vacaciones nos dedicábamos a hacer rutas enograstronómicas. Y de ahí dimos el salto a montar una vinoteca”.
-¿Dimos? habla usted en plural…
“Sí, monté la vinoteca Lugardelvino.com junto a mi marido. Es una franquicia que está en Adeje, en la calle Grande 20. Mi pareja se dedicó más a la tienda y yo me formé como sumelier y, además, soy la encargada de organización de eventos privados y catas, y actividades dentro de nuestro espacio”.
-¿Qué le aporta este mundo?
“Es maravilloso porque trato continuamente con la gente. Me resulta fácil compartir el descubrimiento del mundo del vino pues hay muchos aficionados. Muchos clientes vienen buscando una determinada marca de vino y les intento explicar el motivo de que les guste ese en concreto y, en las catas, les hago la indicaciones necesarias para que puedan interesarse por un vino sin necesidad de centrarse en una marca determinada solo”.
-El vino parece un producto muy tradicional pero está siempre a la vanguardia e innova muchísimo, ¿verdad?
“Es cierto, este sector siempre está innovando. Y ahora más pues en estos tiempos en los que a veces se intenta ahorrar en cosas más superfluas, comprar un vino puede parecer un lujo. Sin embargo, yo defiendo que es una bebida social que implica relaciones personales tanto fuera de casa como dentro, por eso es importante mantenerlo. Por ejemplo, el ambiente que se crea en la vinoteca es mágico, de gente que en torno a una mesa y una copa de vino mantiene conversaciones que terminan hablando unas mesas con otras hasta que se convierten en mesas redondas… Esto ocurre incluso con los extranjeros que se acercan al local”.
-¿Cuáles son las innovaciones más sorprendentes de los últimos años en el mundo del vino?
“Lo primero que vemos es el diseño. La imagen y el márketing han entrado en el vino donde ya no se pretende comunicar solo una marca sino una sugerencia de experiencia. Cuando ves una etiqueta o una determinada botella ya te dice algo del producto. Luego, en la elaboración del vino ha habido un gran salto en calidad. Había zonas cuyo vino casi no se podía tomar y, ahora, elaboran un vino delicado porque se ha invertido en enología para buscar más calidad que cantidad”.
-Es quizá, lo que ha pasado con la transformación de los vinos canarios en los últimos años…
“Si, aún viene mucha gente diciendo tópicos como que no quiere vinos canarios porque le dan dolor de cabeza… Entonces les explico que eso no es así y que en las bodegas del Archipiélago hay una gran calidad. El vino canario es muy desconocido”.
-¿Qué es lo que identifica a nuestros caldos?
“Lo principal es que se trata de vinos muy diferentes. Me encanta su singularidad, el suelo volcánico, el clima, la mineralidad… es algo que no se puede encontrar en otros vinos. Eso los hacen únicos. De calidad es de los mejores, y lo hemos podido demostrar con los clientes que vienen de fuera y les contamos que Canarias, junto con Madeira, fue la única zona de Europa que se salvó de la filoxera y, por ello, son viñas muy antiguas. Hay que recordar que cuando hablamos de cepas viejas se genera una mejor producción de vino aunque en menos cantidad. Los vinos de Canarias por todo ello son de una excelente calidad y, además, como cada vez se invierte más en enología van mejorando”.
-Usted trabajó vinculada a la empresa privada muchos años y luego dio ese salto al emprendimiento y a convertirse en su propia jefa ¿Por qué?
“Todo ocurrió porque tuve un quiebre emocional y laboral muy fuerte hace cuatro años. Eso me hizo pensar en qué podía hacer con mi vida para disfrutar realmente con lo que hacía. Ese crack personal me sirvió para dar un cambio radical en mi vida. En ese tiempo conocí el coaching y fue cuando tuve una apertura mental muy fuerte. También me formé y soy coach personal y de equipos. Aprendí a tomar distancia y a pensar lo que quería hacer”.
-La toma de decisiones es quizá la asignatura pendiente porque lo urgente quita tiempo a lo importante…
“Sí, tenía un trabajo muy estresante y eso me tenía en una noria que me impedía hacer otras cosas. Nunca me planteé si era realmente lo que quería hacer. Pero lo hice: el primer cambio cuesta mucho pero en estos cuatro años he hecho tantas cosas que veo realmente ese momento de crisis como una oportunidad”.
-¿Como coach que le diría a la gente que está en esa misma situación ahora mismo?
“Pues primero que hay que perder el miedo al cambio. No tenemos que agarrarnos a la frase de ‘más vale bueno conocido que malo por conocer’ porque es peor quedarse en ese ‘si yo hubiera hecho’. Aunque parezca manido, hay que ver el lado positivo de las cosas y que todo es una enseñanza pues de los errores se aprende muchísimo. Simplemente, hay que buscar formas diferentes de asumir las situaciones”.
-En su caso… el cambio laboral pese a estar en un momento de crisis económica, ha sido positivo…
“Sí, mucho. Muchas veces, de broma, decimos que la vinoteca es más un gabinete psicológico que otra cosa porque la gente entra con unas caras de agobio… y solo con tomarse una copa de vino, tener una conversación agradable se van como más relajados. Eso me resulta tan gratificante que no hay dinero en el mundo que pueda pagarlo”.
-Además de la venta de vino, su local se presenta como un lugar distinto con un programa de actividades propio…
“Organizamos cursos de cata, reuniones privadas y disponemos del espacio para que las empresas puedan hacer reuniones de trabajo o un afterwork. Siempre hay aspectos laborales que se pueden discutir mejor fuera de la oficina y fluyen más que en el ámbito cotidiano. El centro permite esa forma distendida de relacionarnos. Luego, tenemos la mente muy abierta a todo tipo de proyectos y hemos hecho talleres de cocina y catas fuera de la vinoteca con la temática que se quiera. Hace poco tuvimos una cata sobre el color del vino relacionándolo con la moda y fue muy divertido y la gente quedó encantada. Luego, hemos hecho música y vino; juegos y vino… todo para llegar a públicos diferentes porque en el amor por el vino hay de todo: jóvenes, mayores, parejas, solteros… no hay una sola línea de público”.
