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después del paréntesis >

10% – Por Domingo-Luis Hernández

   

Si España contara o contase con un gobierno consecuente, hubiera puesto en su sitio a un tal Olli Rehn, como era menester. Pero no fue así. ¿Por qué?

En primer lugar vale la pena recordar la pregunta que nos repetimos: ¿qué proceso democrático ha colocado al dicho Rehn en el lugar en el que se encuentra a fin de decidir u obligar a que se decida? Liberal Demócrata (cuentan que es), y finlandés, esto es, del Norte más Norte de todas las Europas. Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios.

Eso en su punto, y los datos que informan: la igualdad, en el soberbio y mal llamado Viejo Continente, no se logra por asegurar que todos los trabajadores de los países de la Unión se midan por las mismas condiciones (portugueses, griegos, españoles… del mismo modo que los alemanes, por ejemplo), se logra forzando a los países del Sur (España sin ir más lejos) a aplicar un 10% más de lo ya sufrido. Lo cual nos lleva a lo que nos lleva, que el liberal en cuestión ha puesto en la boca de la patronal más obtusa e insolidaria de Europa la miel más dulce, esa que el gobierno del apuesto don Mariano Rajoy convirtió en Ley. Luego, lo que parece indicar el demócrata y liberal Olli Rehn no es que España ha de parecerse a Europa sino que es Europa la que ha de encarnar la idea de España y cuanto más pronto mejor. Si no no se entiende.

Lo que hacen los empresarios de aquí (los fijos que pasen a temporales y el 10% es poco, a expensas del 30 que en muchos casos ya ha sido), ese es el punto supremo de las nuevas iniciativas. Lo de la pérdida del valor adquisitivo es peregrino, incluso primitivo; la economía no se mueve ya por la capacidad de compra de las clases medias; el mundo se ha dividido en dos y así será por los siglos de los siglos. Es decir, Olli Rehn no se atreve (por ahora) a indicar a los empresarios británicos o alemanes que eso de conceder dividendos a los trabajadores cuando se repasan las cuentas anuales (a mi sobrina en Londres, sin ir más lejos) es un atraso.

Que la Comisión se haya sumado a la recomendación del susodicho es natural. Defiende lo que defiende, democracia tutelada y fervor económico para los despilfarradores. Lo comentó un economista hace unos días: los 35.000 millones de euros puestos en las mesas de los bancos son los mismos, céntimo más céntimo menos, que los 35.000 millones de euros sacados de la sanidad, de la educación, de la investigación y de los servicios sociales. De eso no dice ni una sola palabra el proverbio Rehn. ¿Por qué, por buen gestor o por cínico? Esas tenemos. Para el bien del rico Norte, el 30% de devaluación de un país es poco; un puntito más hoy y otro mañana hasta el 50%.

De donde y visto lo visto no estaría por demás que los torturados del Sur rompiéramos la baraja. Que la Merkel pague los aranceles correspondientes por vender aquí Mercedes igual que si quiere que le cuidemos a sus jubilados al sol. Y si no que ellos se muden una temporada para abajo y nosotros para arriba, para acostumbrarnos al oscuro y la nieve. Porque en eso se ha convertido Europa, un territorio en el que, los que creíamos, cada vez nos sentimos más extraños gracias a la suficiencia de quienes propugnan contratos únicos y el 10% menos. Y ello con el añadido de quien nos dice gobernar y se calla como una garrapata ante las salidas de tono, los abusos y la falta de respeto para quienes no sólo somos trabajadores sino también ciudadanos”.