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Agricultores y REA – Por Wladimiro Rodríguez Brito

   

Estos días ha habido un debate en los medios sobre el actual modelo económico que ha puesto el campo canario en la peor crisis de su historia: existe un peligroso desfase entre la producción y la demanda local de alimentos. En las Islas vivimos cincuenta personas por cada hectárea cultivada. En la década de los años cincuenta, cuando emigraron uno de cada cinco canarios hacia Venezuela, vivíamos seis canarios por cada hectárea cultivada; en la superpoblada China, por cada hectárea cultivada hay menos de 10 chinos. Los informes de la FAO recomiendan que la cobertura alimentaria de los pueblos situados en situaciones aisladas, como la nuestra, supere el 30%. Aquí no cubrimos ni el 10% y, sin embargo, un grupo de empresarios nos dice que el campo está bien atendido y que todo lo demás es alarmismo. Otro informe realizado por la Consejería de Hacienda anterior (Informe Tomillo), se pronunció en el mismo sentido; las recientes propuestas desde el Gobierno canario sobre el régimen específico de abastecimiento son un paso, pero se quedan cortas. El modelo económico dominante estos últimos años se ha centrado en la construcción y los servicios, argumentado que sobraban alimentos y que el campo era cosa del pasado. Este modelo ha empapado la cultura, en la escuela y la familia; todos nos daban lecciones sobre la no rentabilidad del campo; lo mejor era comprar alimentos importados no solo para las personas, perros y gatos sino incluso para las gallinas. Por ejemplo, ser un deportista sobre una tabla de surf da prestigio, darse leñazos cogiendo olas es modernidad, es futuro; sin embargo, sembrar un saco de papas para la familia es antieconómico, si las podemos comprar a cinco euros los 25 kilos. Papas anzuelo, papas reclamo, ¿hay algún lugar en el mundo que pueda producir papas para venderlas a 0,20 euros el kilo? En algunos casos se han importado excedentes del mercado mundial, o lo que llaman dumping, como ha ocurrido con partidas de leche llamada negra, o las papas de Malta, ¿como puede Malta exportar papas? Hemos inculcado a nuestros jóvenes desde la escuela, los medios de comunicación y en la familia, que el campo es un atraso vergonzoso, que la agricultura no tiene futuro. Los alimentos no los asociamos a la tierra, el sudor y el esfuerzo son cosa de cuando éramos pobres. Los señores del REA no tienen razón, el campo no está bien atendido. A el campo y a los campesinos apenas los han dejado opinar, salvando casos excepcionales como Pedro Molina en las reuniones del REA. Esperemos que la postura que ha tomado ahora un amplio colectivo, junto con los sindicatos agrarios sea una nueva esperanza, un nuevo camino en el que las importaciones han de ser complementarias; los alimentos deben ser de interés social, pero también los hombres y mujeres de esta tierra. La crisis ha demostrado que el modelo vigente no funciona: en 30 años hemos pasado de un campo que lo cuidaban el 30% de nuestra población, generando más de un 20% del PIB a una situación testimonial, en la que apenas tenemos agricultores ni jóvenes con conocimiento y voluntad de mirar para el campo aunque necesiten con urgencia una alternativa. Lo peor no es lo poco que producimos sino que no hay un debate en la sociedad sobre cómo alimentarnos y buscar solución al problema de la dependencia alimentaria. ¿Cómo se puede explicar que en un par de años hemos pasado de importar 36 millones de kilos de vacuno en Canarias a solo 24 el año 2012? Se consumen seis kilos menos por habitante y año por efecto de la crisis. Sin embargo, no hay respuesta incrementando la cabaña ganadera sino todo lo contrario, continuamos perdiendo efectivos, lo que se incrementa es el paro y las tierras balutas. ¿Por qué importamos carne equivalente a más de 120.000 vacas y sacrificamos aquí menos de 8.000? Toda la agricultura en los países ricos recibe ayudas, tanto en Japón como en EE.UU. o en la UE, donde se estima que la PAC aporta más del 30% de los ingresos de los agricultores y ganaderos. Hay que entrar en una política agraria con mayúsculas, que potencie las estructuras agrarias y optimice todos nuestros recursos; por ejemplo, en el caso de las papas podemos autoabastecernos con los suelos que tenemos. Sin embargo las importaciones anzuelo o de producto reclamo, unido a la crisis de valores hacia el campo nos ha dejado en menos de la tercera parte de lo cultivado hace treinta años. Han aumentado las tierras balutas en más de 11.000 hectáreas (campos abandonados pasto para los incendios), importando el año pasado 40 kilos de papas por habitante. Qué decir también de la recuperación de la actividad ganadera, no sólo para importar menos productos lácteos (sin incluir yogures, importamos en leche y sus derivados 187 litros por habitante y año). La ganadería tiene un papel fundamental, retirando el combustible de nuestros campos, algo básico en la prevención de incendios y en la recuperación de la población en numerosos puntos del medio rural. El campo es mucho más que el PIB, es sabiduría del territorio, es cultura, es respeto y cariño con lo local, con lo pequeño; son también nuestras ilusiones y sueños. Es parte de lo que Confucio llama sabiduría, experiencia, alejada de espejismos y de banalidades de la llamada sociedad de consumo, que cada día genera más frustración y miseria. Otra sociedad y otro campo es posible, encabemos el sacho.