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Vicepérez – Por Francisco Pomares

   

El vicepresidente y consejero de Educación parece decidido a seguir poniendo en valor la presencia de los socialistas en el departamento de Educación y en el Gobierno. El curso pasado nos sorprendió con la iniciativa de mantener los comedores escolares en verano, y ayer se despachó anunciando que el nuevo curso no traerá ni un solo recorte más. Todo lo contrario: Educación tiene previsto aumentar el número de profesores (algo más de un centenar), el de plazas educativas públicas y mejorar la dotación de los centros públicos.

El objetivo declarado de Pérez es “proteger el sistema de lo que ha sido una política demencial de marcha atrás”, y aprovechar el tiempo de crisis para intentar que mejoren los resultados del sistema educativo canario. No se trata de una novedad en su discurso: la justificación de la presencia del PSOE canario en el Gobierno regional viene siendo presentada desde hace dos años por el secretario general de los socialistas desde la lógica de evitar un mayor desmontaje de los servicios públicos y las políticas sociales.

No todo el mundo cree -ni siquiera la totalidad de los colegas de Pérez en su propio partido- que ese objetivo justifique la presencia del PSOE canario en el Gobierno y el desgaste que el apoyo socialista a Rivero puede suponer para Pérez y los suyos. Pero al secretario general del PSOE siempre ha manifestado un cierto desprecio por el tacticismo o la inanidad. Parece estar más por intervenir donde se pueda y por llegar siempre un poco más allá de lo que la situación permite. Actúa como si estuviera más interesado en garantizar la continuidad de un sistema educativo al que -desde el propio gobierno y desde la oposición- se responsabiliza de la falta de formación generalizada entre la juventud de las islas; que por garantizarle al PSOE unos resultados decentes en 2015.

Pérez resulta así un político extraño a los mecanismos y al discurso político de este tiempo que nos ha tocado vivir. Voluntariamente alejado de la primera plana, leal a Rivero hasta el extremo de aparecer como su principal apoyo dentro y fuera del Gobierno, Pérez cabildea sus asuntos como si las cuitas políticas y las críticas partidarias no fueran con él.

Es una apuesta arriesgada si quiere sobrevivir a su propio congreso, pero lo cierto es que ni siquiera eso parece ocuparle demasiado tiempo. Es una rara avis en la jaula de la fauna del poder en Canarias, pero hay que aceptarle que su estilo, mezcla de suavidad en las formas y firmeza en las convicciones, lo mantiene con una coherencia poco frecuente. Sospecho que no está en esto para durar. E intuyo que eso le importa más bien una higa.