El 9 de noviembre del año que viene, si seguimos aquÃ, Cataluña quiere celebrar su referéndum en torno a la independencia. Pero como Artur Mas se ha convertido en un experto alquimista polÃtico, la consulta se ha vuelto un poco más enrevesada de lo que estaba previsto. Mas tiene el tÃpico problema del sujeto que quiere quedar bien con su pareja por un lado y con su amante por el otro. Lo normal es que quede fatal con las dos. El lÃder de CiU quiere la independencia, como Esquerra Republicana de Cataluña (ERC); pero podrÃa admitir una independencia integrada en un estado federal español, cosa que no quiere ERC pero tal vez sà el Partido Socialista de Cataluña. O incluso podrÃa bastar con conseguir mayor autonomÃa fiscal y económica sin violentar la actual Constitución, cosa que querrÃan muchos de sus socios de Unió pero ni de coña ERC. En fin. Un sin vivir. Asà está el hombre con cinco espadas en el pecho y la espalda contra la pared del inevitable referéndum del que ayer se conoció ya lo que parece una irremediable demostración de estupidez: las preguntas. La primera es: ¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado? Y la segunda es:¿Quiere usted que Cataluña sea un Estado independiente? Un estado es un artefacto polÃtico, institucional y una organización polÃtica soberana (Heller). La independencia es una condición inherente al Estado naciente que luego puede decidir cederla en parte en fórmulas de federación, confederación o libre asociación, entre otras fórmulas. Decir que se quiere un Estado ya supone que se quiere la independencia. Lo que ocurre es que en España los estados pueden, además, ser lÃquidos, sólidos o gaseosos. El actual modelo de Estado definido en la Constitución de 1978, por ejemplo, es bastante gaseoso después de haber pasado por una larga etapa de solidez de casi cuarenta años. El hipotético Estado catalán parece ahora mismo bastante lÃquido, en el sentido de que hay que estar bastante embebido de la mismidad soberana de uno mismo para pensar que Madrid va a permitir la segregación catalana sin mover una pestaña. Socialistas y populares han pactado ya abrir una reforma constitucional para debatir el modelo de Estado. Le abrieron una puerta de salida a Mas para escapar de la trampa en la que él solo se metió. Pero ni por esas. El presidente catalán sigue de la mano de ERC por el camino de la independencia al margen de los lÃmites de la Constitución. Rompe las reglas del juego. Y se la juega.
