Apesar de la bonita voz que poseÃa, no eran muchas las palabras que emanaban de su garganta. El mundo que la habÃa visto crecer se quedaba en las raÃces, en lo básico, sin entrar en detalles. Irse por las ramas era para los arriesgados, los que no temÃan por su vida, prefiriendo disfrutar de cada instante de un modo diferente. Algunos preferÃan hablar, hablar y no parar de hacerlo; contar todas las historias que veÃan con lujo de puntualizaciones. Luego estaban los cantantes, los que no dejaban de alegrar los dÃas con la armonÃa de su música. Música para los oÃdos de todos los que allà se paraban a escuchar, callados. Hablaban, en su lugar, los aplausos. Y es que aquel sitio era un pozo de gritos que ansiaba escapar, en silencio, de los altos muros. Las vidas de los que allà habitaban no se medÃan en latidos, en alientos o respiraciones. Allà se medÃa en palabras, sin importar si se gritaba o susurraba. Contadores de términos en cada cabecero de la cama, en cada puesto de trabajo, en cada muñeca. Y ella, dueña de la voz más bonita jamás oÃda, tenÃa el tesoro del lugar. La protegida de la familia y mucho más; un cofre con oro que nadie querÃa que se llegara a agotar. Conservarla por y para siempre, privándola de lo que la hace tan valiosa. Con amor por la música y la poesÃa, su actitud vivaz la motivaba a rodearse de los considerados locos, los que preferÃan vivir a lo grande y no midiendo sus palabras. Desmedidos sin medida, con locura o sin ella. Ella, con envidia sana y admiración llena, cogió aire un dÃa para llenar sus pulmones: el momento habÃa llegado. Era la hora de inspirar para no parar de cantar entre aquella buena gente; transmitir lo que era su vida y que tanto se le habÃa prohibido: mostrar su voz. Y qué más daba lo que dijera la gente. SerÃa feliz haciendo lo que siempre habÃa querido, lo que, según otros, la hacÃa tan preciada. ¿Por qué esconderse? Esa vez no. La raÃz seguÃa junto a ella, aunque ascendÃa por las ramas. Poco a poco. Con cuidado. Miraba hacia atrás con nostalgia, sin detenerse. Entraba en una vida nueva, diferente. Ningún miedo a qué pudiera pasar. Todo, sin olvidarse de lo más importante: su sonrisa y, claramente, su voz…
