Lo ha dicho la delegada del Gobierno: los miles de ciudadanos que asistieron el pasado sábado a las marchas de protesta contra las extracciones petrolÃferas representan sólo una pequeña parte de los ciudadanos de Canarias. Ella ha cifrado esa pequeña parte, de forma más bien cicatera en el 2,5 por ciento de los ciudadanos de Canarias, poco menos de 50.000 personas. Incluso si hubiera sido más generosa, si fueran el diez por ciento -esas doscientas mil personas que reclaman los convocantes de las manifestaciones- no serÃan ni mucho menos la mayorÃa… Pero el argumento sobre las mayorÃas que plantea la señora Hernández Bento hace aguas por varios sitios: el primero es que las mayorÃas no se miden en la calle. La calle está para otras cosas, pero un polÃtico con olfato debe entender los mensajes que vienen de la calle. Al PP le cuesta hacerlo. Les costó entender que el paÃs estaba contra la guerra de Irak. Y les costó muy caro. El PP deberÃa aceptar la propuesta de consulta planteada por el Gobierno de Canarias, y asà sabrÃan con precisión si quienes se oponen a las prospecciones son el 2,5 por ciento, el 25 por ciento o el 70 por ciento de los canarios. Otro agujero del argumento de la Delegada consiste en presentar la cuestión como un problema de mayorÃas, cuando su Gobierno lo considera una cuestión de legalidad: las prospecciones se harán porque -teniendo Repsol los permisos- serÃa ilegal no hacerlas. Si se hubieran manifestado el cien por cien de los ciudadanos de Canarias, incluyéndola a ella y al ministro Soria… ¿habrÃan dejado de ser legales las prospecciones? El PP se ha atascado estúpidamente en este asunto del petróleo: la obcecación del ministro Soria y su incapacidad para tender puentes y abrirse al diálogo con las instituciones canarias, está abriendo inopinadamente un tercer frente territorial en España. Sin cuestionar de momento el modelo de Estado de las AutonomÃas del 78, Canarias se suma con sus manifestaciones masivas y su petición de consulta a los conflictos territoriales que representan el secesionismo catalán y al proceso de imitación de la vÃa catalana a la independencia que se acaba de iniciar en el PaÃs Vasco con la cadena humana de Durango a Pamplona. A principios de esta legislatura, Rivero dijo que Canarias podrÃa acabar siendo un problema de Estado. Se lo explicó al rey y a Rajoy hace unos meses. Una cuestión liminar en la agenda pública, de escasa entidad polÃtica, como son las extracciones, va camino de colocar a la región en el mapa de los asuntos enquistados y difÃciles de resolver. Canarias empieza a oler también a problema de Estado. Otro.
