Ya sabes, querido periodista y estimado polÃtico, que los egos mandan más que las razones o que los consensos en un momento determinado. Alguien que sabe de esto me decÃa el otro dÃa en Santander que aquà se está produciendo un choque de egos canarios. Son trenes, o tranvÃas, o guaguas, que caminan a distintas velocidades y se acercan peligrosamente a metas que serÃan otras si uno de los dos se bajara del burro.
¿Quién se tiene que bajar del burro? No sé de burros, más allá de lo que le leà a Juan Ramón Jiménez en Platero y yo, ni sé muy bien si los burros tienen ego. Mi abuelo domaba burros en el campito donde jugábamos al fútbol los chicos, en La Asomada, el barrio del Puerto de la Cruz donde nacÃ. Él padecÃa de asma, pero tenÃa una fuerza enorme, y llevaba a los burros salvajes adonde él querÃa. Pero nunca me explicó nada acerca del alma de los burros; ni sé, no sé si tú lo sabes, porque burro es sinónimo de tonto.
Aquellos burros a los que dominaba mi abuelo se zafaban de él con bastante habilidad, lo que pasa es que mi abuelo tenÃa más fuerza que ellos, y los manejaba como le daba la gana. Asà pues, tras desarrollar esa teorÃa sobre el oficio tan práctico de mi abuelo, me toca responderte: pues yo creo que la decisión judicial es, como tú dices, lo suficientemente magra como para exigir, desde mi punto de vista, una sentada sin egos en medio; lo que se juega es importante, pues tiene que ver con los intereses ciudadanos de las islas de ahora y del futuro.
No se puede dejar esa decisión ni al albur judicial ni al albur del partidismo polÃtico; los ciudadanos tendrán que saber que la decisión final, se hagan o no se hagan las prospecciones, ha sido tomada en virtud del entendimiento entre todas las partes, no sólo la industrial y la polÃtica, sino también la técnica. Para llegar a consensos hay que buscar entendimientos polÃticos; una pelea no tiene sentido; tiene sentido un acuerdo; opto por ello, y no sigo porque de esto tú me das mil vueltas. Yo sólo soy un periodista; tú eres, además, un polÃtico, y el consenso bien entendido empieza por la polÃtica; en ella creo, ya sabes.
