No sabÃa el porqué, pero lograba recordar la mayor parte de lo que habÃa sucedido en su vida. En orden cronológico, según la persona, clasificados por estación. A nivel local, a nivel nacional. También internacional. Sencillamente, la complejidad de sus recuerdos era fácilmente evocable, con todo lujo de detalles. No sabÃa por qué, pero tenÃa una memoria infalible. Ni lo sabÃa, ni pretendÃa saberlo. A sus ochenta y ocho años, la única preocupación de su dÃa se relacionaba con sus nietos: tenÃan que conocer todo acerca de él.
Todo recuerdo, toda batalla. Contarles cómo se divertÃa, sin televisión, videojuegos ni móviles. Una cuerda, un trompo, y a volar. ¿Quinientas pesetas? Lujo para pasar la mejor tarde entre amigos. AsÃ, pasar de los en mi época a cuando tenÃa tu edad. Cuando él tenÃa su edad, la hucha del cerdito no llegaba a la mitad, ya habÃa dado su primer beso y únicamente pensaba en ser astronauta. Entre historia e historia, uno de los recuerdos que siempre solÃa mencionar tenÃa que ver con el mayor logro que habÃa realizado. La prueba de superación de su vida, el instante que marcó el antes y el después. El que creó en él ganas de aprovechar al máximo cada momento. Cada instante. Y que ellos, al escucharlo, también buscaran esas ganas. Que buscaran vivir. Sin perder de vista ningún matiz, todo aquello que le preguntaban acerca de su vida tenÃa su respuesta. Respuestas detalladas, con pelos y señales, con emociones y sensaciones.
Todo lo que él habÃa vivido, lo que aún recordaba como si hubiera sido ayer. Su primer novio, su único novio. Su boda. Todos los besos que continuaron. La primera ecografÃa. El primer parto. También el segundo. La firma de su contrato de trabajo, la hipoteca. Los columpios del parque con la familia, con los amigos.
Sus escapadas y travesÃas. Su buena memoria sorprendÃa a todo pequeño de la familia, y no tan pequeño. Una mujer que, sin saber el porqué, recordaba al completo su álbum mental de instantes. Con la foto de su marido y su taza de té en la mesa. Aun sin él, los nietos debÃan saber quién era el hombre que habÃa compartido la vida con su dulce abuela. Su abuelo. El gran héroe. El que la cuidó desde el primer instante, creando tantos recuerdos.
Debe ser eso: su buena memoria, consecuencia de buenas memorias. Tantas memorias. Tantos recuerdos.
