X
La última>

¡A las armas! – por Jorge Bethencourt

   

Decían los viejos que la letra con sangre entra. Y debe ser que como la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife es una venerable y antigua institución, se tomó al pie de la letra lo de la sangre como llave mágica para abrir los sesos a la cultura. La noticia de que en la caja fuerte de la Real había unas pistolas y unas granadas no resulta tan sorprendente como parece a simple vista. Las armas y los explosivos, requisados por la Policía a solicitud del actual presidente de la sociedad, son una buena muestra de que debemos prepararnos para una economía de guerra y que los que realmente saben de esto -los de la Real- se las están viendo venir muy negras. No en vano se están armando, los jodidos. Los laguneros son así. Mucho Celaya, mucho la palabra es un arma cargada de futuro, pero al final se quedan con un Colt 45. Donde esté el pueblo armado y soberano la libertad está garantizada. La democracia -dijo Benjamín Franklin- son dos lobos y una oveja votando sobre lo que se va a comer. La libertad consiste en la oveja, fuertemente armada, impugnando el resultado. Tal vez por eso, porque estos tiempos que corren justifican cualquier tipo de temores, los de la Real decidieron en su día que además de cultivar la razón y el sosegado debate sobre los asuntos de enjundia económica de nuestro país, no vendría mal tener en conserva alguna provisión de munición y pistolas. Lo de las granadas sí que me parece excesivo. La tenencia de explosivos en un lugar donde los cambios de presidente son tan calientes -la última sucesión en la casa se registró en los sismógrafos del Pacífico Sur- supone un riesgo innecesario sobre todo para la buena gente que trabaja allí entre legajos y legañas, ajena a los mundanales asuntos de los que mandan.