
Australia Navarro, portavoz del Grupo Popular. | SERGIO MÉNDEZ
DOMINGO NEGRÍN MORENO | Santa Cruz de Tenerife
Más petróleo, que la madera por sí sola no calienta la caldera. La sesión de control al Gobierno divirtió ayer a los niños que estaban en el Parlamento como invitados y que se tomaban a gracia las discrepancias de sus señorías. A su regreso de Fuerteventura, Paulino Rivero aterrizó en un campo minado. Con la escopeta cargada le esperaba Australia Navarro, que disparó sin piedad. La portavoz del Grupo Popular lo inhabilitó para seguir ocupando el sillón de presidente.
“El acto institucional [del domingo en Gran Canaria] contra las prospecciones fue la imagen de un fracaso político”, se mofó Navarro. La diputada sacó el látigo de domadora de circo para intentar calmar al “temerario” Rivero. “Usted no representa a nadie cuando incita al desorden y al incumplimiento de la ley. Da vergüenza. Debería rectificar y renunciar a ser un antisistema”.
El jefe del Ejecutivo regional no entró por el aro. Se dedicó a los juegos de malabares: “Mi obligación es defender los intereses de Canarias y de los canarios, política, jurídica y socialmente; especialmente, cuando se cometen atropellos y abusos”. Rivero insistió en culpar al PP de los “altercados sociales” que pudieran producirse. “Mariano Rajoy que no se parapete en la Justicia y afronte el problema político [de los sondeos exploratorios de Repsol]”, profirió. Escocida por el resultado de la encuesta, que refleja una holgada oposición ciudadana al proyecto, Australia Navarro le restregó el dato comparativo de que al 90% de los canarios le preocupa el paro.
