Hace veinticinco años, Juan Pablo II logró iniciar el derribo del vergonzoso muro levantado por el comunismo en BerlÃn, con el que buscaba ocultar su concepción polÃtica y económica sin libertades, lo que esta semana Francisco repite al comenzar a derrumbar otro muro. El levantado por el capitalismo especulativo contra una Cuba a la que ha intentado, por décadas, volverla a lo que fuera durante la dictadura de Batista: un spa para mafias estadounidenses. Juan Pablo II, gracias a la complicidad de, entre otros, el sindicato polaco Solidaridad liderado por Lech Walesa, y la inoperancia de los entonces gobernantes de paÃses prosoviéticos, liberó media Europa del comunismo al iniciar la caÃda del Muro de BerlÃn, pero no la liberó de un capitalismo especulativo que aún padecemos.
Hoy, Francisco, comienza a derrumbar el vergonzoso muro impuesto por Estados Unidos a la dictadura gobernante en Cuba, pero que solo padecen sus habitantes. Llevará tiempo derogar el supuesto bloqueo económico y comercial (nada impide negociar hoy con Cuba) ante la oposición republicana estadounidense, asà como recuperar libertades polÃticas y civiles dentro del paÃs caribeño, o evitar que Washington busque reimplantar allà su spa para mafiosos estadounidenses. Pero es un primer paso. Si Juan Pablo II logro derribar el Muro de BerlÃn y unificar Europa derrotando al comunismo, Francisco parece que, tras comenzar a derribar el muro mas antiguo de Latinoamérica, no solo puede derrotar al totalitarismo cubano, sino también al especulativo estadounidense en Latinoamérica, teniendo en cuenta su posición acerca de ambas formas de sojuzgamiento social.
De no haberselo impuesto previamente, tanto a sà mismo como a ambas partes, habrÃa rechazado tal mediación. Lleve el tiempo que lleve, finalmente veremos a Francisco destruir otro muro y a totalitarismos que cercenan libertades. En este caso, dos a la vez. Un comunismo y un capitalismo asfixiantes.
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