Con la sorpresa de premiar a un radical y la justicia pendiente de reconocer al renovador de la novela española de la segunda mitad del siglo XX, llegó el bizantino debate sobre la aceptación o rechazo del Cervantes de 2015. Entre José Agustín (1928-1999), sólido poeta social e innovador lenguaje, y Luis (1935), académico y autor de la tetralogía Antagonía, incluida entre los grandes relatos del pasado siglo, el mediano de los hermanos Goytisolo Gay, Juan (1931), acudirá el 23 de abril al suntuoso Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, recogerá el premio de manos de Felipe VI y pronunciará el preceptivo discurso que, con toda seguridad, no dará oportunidad a la indiferencia. Con raíces vascas y catalanas y de extracción pequeño burguesa, barcelonés de nacimiento, apátrida de hecho, parisino de gusto, y con residencia fija en Marruecos, padeció la censura franquista y hoy se declara “de nacionalidad cervantina” y se rebela ante una democracia cansada que, “con un colapso financiero de dimensiones colosales que ahoga la economía y con 5 millones de parados expulsa al exilio laboral a otro millón de jóvenes”. Ausente de España desde 1956, está al cabo de cuanto ocurre; “con la libertad de los octogenarios”, no se casa con nadie y con la misma severidad que denunció las dictaduras integristas y el fracaso del marxismo, los dramas de los Balcanes y el Magreb, critica la corrupción de las élites, la intrusión de las organizaciones religiosas y sectarias en la política y la falta de ética de los dirigentes -empresarios, líderes partidarios y sindicales- al servicio exclusivo de sus intereses y ajenos a los clamores de la calle.
Ignorado por el régimen y por la monarquía durante tres décadas, es el autor más traducido y estudiado fuera, versátil y brillante, cuaja con igual eficacia una fabulación transgresora que una cruda realidad bélica o social o un ensayo donde revela, junto a su vasta cultura, una actitud y encanto heterodoxos, que lo hacen único. En 2008 recibió el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de una obra que, entre narrativa y ensayo, supera los sesenta títulos con hitos tan destacados como Duelo en el paraíso, Señas de identidad, Juan sin tierra, Paisajes después de la batalla y Las virtudes del pájaro solitario, Telón de boca (novelas) y España y los españoles, Disidencias, El bosque de las letras y El peaje de la vida. Con “el Nobel de las letras españolas” en su biografía, las quinielas se centran ahora en el tenor de las palabras de este rebelde insobornable “que no soporta impertinencias de quienes ni siquiera han leído mis libros”.
