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La parva del indulto – Por Antonio Pérez Henares

   

La petición de indulto al gobierno ha unido en la misma parva a una ristra de dispares personajes unidos por una voluntad común: escapar al castigo por sus delitos. Tras haber agotado y exprimido hasta la última gota el muy garantista sistema judicial español, tras haber alargado hasta lo indecible el cumplimiento de su condena y empleado todas las triquiñuelas legales a su alcance, al de su dinero y al de los abogados más caros y reputados ahora recurren a un ultimo cartucho: que el Gobierno les otorgue la gracia del indulto y que no pisen la cárcel o les levante la sanción inhabilitadora que sobre ellos pesa. En la variopinta colla de delincuentes, porque lo son y en firme condenados, se encuentran personajes del más diverso pelaje, desde carne de telebasura como Ortega Cano, un día admirado torero, o Julián Muñoz, el único por el momento entre rejas, y al que parece va a unirse en su intento Isabel Pantoja, pasando por políticos como Jaume Matas o el alcalde de Torrevieja que encabezan un ramillete de condenados que puede llegar a ser toda una floresta en unos años, empresarios como Del Nido y culminando nada menos que en un juez estrella y ahora estrellado, Baltasar Garzón. Nada que ver entre ellos pero algo sí que los une de manera total y los retrata de la manera más expresiva. Lo que todos pretenden es escapar a la acción de la justicia como sea. Ello significa ante todo y sobre todo una cosa. Que carecen de cualquier arrepentimiento, que bajo ningún concepto quieren pagar por sus culpas y que no existe en su ánimo la más mínima voluntad de reparar el daño causado. Eso es lo que los define y lo que provoca en el conjunto de la ciudadanía española el más fuerte de los rechazos. Estoy seguro que hay en nuestras cárceles reclusos que son mucho más merecedores de una medida de gracia que esta banda de auténticos “pájaros”. Gentes que cometieron un error, lo están pagando y esperan reinsertarse. En esa condición pueden entenderse tales medidas pero jamás podría entenderse para ninguno de los que retratados en su desvergüenza siguen perseverando en su intento de irse de rositas. Espero que al Gobierno español ni se le pase pues por la cabeza concederles lo que pretenden. Porque sería una burla para todos, un agravio que constataría la desigualdad ante la ley, que no solo hay que fijarse en la Infanta, y llevar ya al máximo descrédito a nuestra Justicia. Que cumplan sus penas, paguen sus culpas y se dejen y nos dejen de pamplinas.