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Subastando rifles y pistolas – Por Paco Déniz

   

Ya usted ve, uno pensando que el tráfico y contrabando legal e ilegal de armamento era asunto exclusivo de noticias de países remotos, de titulares sensacionalistas y de programas callejeros sobre personas ruines y todo tipo de bandidaje, de investigaciones en suburbios salvajes e impenetrables, y resulta que se subastan armas en la esquina de mi casa. No es una subasta cualquiera, es legal y realizada por la propia Guardia Civil. Son armas requisadas, o en desuso pertenecientes a los cuerpos de seguridad o, en fin, vaya usted a saber. En todo caso, es mosqueante. Se acuesta la gente pensando que el Estado destruye las escopetas que no son suyas, que las armas sólo están en los cuartelillos custodiadas por profesionales del asunto, y va a ser que no, que también están al alcance de cualquiera. Por lo visto, no sólo el Estado está legitimado para tenerlas y proceder a su uso según considere oportuno, también las tiene quien disfruta con ellas y quien dispone de dinero para pagarlas. El mismo Estado que les exige a unos que se desarmen y salgan por la puerta con las manos arriba, a otros les vende armas. Según tengo entendido el tipo de personas que acude a estas subastas o posee un arsenal en su casa son pudientes, profesionales liberales, miembros de las fuerzas de seguridad, cazadores y simpatizantes de estos grupos paramilitares. Son, según consta en su informe médico, personas equilibradas. Aparte de dicho informe, el equilibrio te lo legitima una cuota anual de 120 euros y un seguro de 60 con licencias que duran tres años para el tiro olímpico y cinco años para los cazadores. El valor de las armas subastadas sube de 300 euros, y no son de balines. Así pues, en los próximos días, los militantes y simpatizantes de la Asociación Canaria del Rifle tendrán a su disposición cuatrocientas nuevas armas con las que seguir avanzando en la militarización, atrincheramiento y alarmismo de nuestra sociedad.