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El aire se ’querella’ contra la calidad de vida
El uso de combustibles sitúa la contaminación a niveles como los de Milán o Londres

El aire de Canarias está plagado de pequeñas partículas -aerosoles- capaces de modificar los hábitos comunes y de determinar la longevidad de una persona. / da

SARAY ENCINOSO
SANTA CRUZ


El confort y la calidad de vida llevan décadas ideando nuevos retos que la tecnología busca cumplir a toda costa. En su andadura, el rédito que se ha ido quedando atrás tiene ya nombre de contaminación y ha imprimido un sinfín de movimientos en pro de salvaguardar el medio ambiente. Este proceso, que pudo comenzar cuando la Revolución Industrial empezó a socializar el bienestar, ha dejado tras de sí una estela de polución ambiental y acústica, germen de intensos debates entre el universo científico. Hoy se sabe que el aire de Canarias está plagado de pequeñas partículas -aerosoles- capaces de modificar los hábitos comunes. Muchos de ellos proceden de la propia naturaleza -calima, spray salino- pero otros encuentran su origen en las actuaciones del hombre -emisiones-. Todas ellas influyen en el comportamiento del clima pero, además, las que cuentan con una dimensión menor son, incluso, indicadores capaces de determinar la longevidad de una persona.

Los aerosoles, que tienen un germen antropogénico, se caracterizan por ser más ínfimos (muchísimo más pequeñas que un cabello humano) y, por consiguiente, capaces de introducirse en el sistema sanguíneo causando graves problemas cardiovasculares.

Esta relación directa acostumbra a ser patrimonio de las personas con edad avanzada y problemas de salud. En las Islas, estas consecuencias han de estudiarse con cautela: uno de los aerosoles más peligrosos es el hollín, resultado del uso de combustibles. La masiva presencia de automóviles en el territorio contribuye a dejar, entre el aire que respiramos, esta presencia nociva. Y, para colmo, el gasoil es la principal fuente de hollín, "el 56% del combustible que despachan las gasolineras en las Islas". Estas preocupaciones llevan ya años acechando a los expertos. Es por ello que la delegación en Canarias de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) está desarrollando un estudio -a cargo de la Consejería de Medio Ambiente regional- que aspira a radiografiar el aire. El objetivo es determinar qué aerosoles priman. Según Sergio Rodríguez, responsable de este proyecto en la agencia, ya se sabe que "la refinería y los barcos" son los principales causantes del desbarajuste. De momento, las comparativas efectuadas delatan una ciudad -Santa Cruz- similar en niveles de hollín con Barcelona, Milán y Londres.

Vigilancia.

Actualmente no existe colaboración conjunta entre epidemiólogos y científicos pero la elaboración de este patrón de comportamiento "está al servicio" de los médicos, además de los expertos en clima. Los trabajos realizados por la AEMET se desarrollan entre el Observatorio de Izaña y la estación ubicada en la capital tinerfeña. Las óptimas condiciones del aire que se halla por encima del mar de nubes hacen de la Isla un lugar ideal para esbozar la trayectoria futura de la contaminación y el clima en el mundo.

Estas características han provocado que en Izaña esté una de las 22 unidades de vigilancia atmosférica global, donde indagar en las propiedades físico-químicas que acompañan a la evolución del clima. La mayor o menor presencia de aerosoles en las Islas puede "alterar el régimen de lluvias", ya que las moléculas de H2O necesitan agarrarse a partículas para dar vida a cada gota de agua.

Si hay más aerosoles, las gotas de agua de las nubes serán más pequeñas, por lo que se reducen las precipitaciones, aumenta el tiempo de vida de las nubes y la proporción de radiación solar que es reflejada hacia el espacio. De esta forma, los aerosoles pueden alterar el régimen de lluvias y el balance de radiación y energía de la atmósfera.

Durante mucho tiempo, la opinión pública ha pensado que el incremento de la calima era un hecho consumado. Sin embargo, el paso del tiempo ha dejado entrever otra realidad: aún no se sabe si este fenómeno irá creciendo por las transformaciones que el clima está protagonizando. De hecho, según Rodríguez, "se está contemplando la posibilidad de que la calima pueda ser un fenómeno cíclico, como El Niño, y que cada 5 ó 6 años tengamos un período caracterizado por fuertes episodios de polvo africano". Además, es probable que la frecuencia e intensidad de las calimas de invierno y de verano puedan tener distintas tendencias en el futuro. Todavía hay mucha variabilidad y según la historia "los veranos del 88, el 93, el 98 y el 2003 fueron de mucha calima por encima del mar de nubes". De momento, lo que se sabe a ciencia cierta es que la llegada de polvo a las Islas está parcialmente relacionada con el número de precipitaciones que acontecen en el desértico norte de África.

El viento ’aparta’ la contaminación en las Islas
El Archipiélago canario siempre ha encontrado en el comportamiento de los vientos alisios un aliado indiscutible. De hecho, su tradicional clima cálido ha sido el motor de toda la industria turística, semilla del progreso isleño. No obstante,la importancia de estos vientos es aún mayor: los niveles de contaminación en las Islas no son más altos gracias al papel que juegan. La contrapartida es que "se llevan la contaminación al mar", según explica a este periódico Sergio Rodríguez. La polución humana (coches, barcos..), además, se une al calima que viene del continente vecino, dando lugar a compuestos aún más nocivos ("la mezcla de las partículas genera sustrato y nitrato"). Estos y otros cambios que ha experimentado el clima a razón de los aerosoles han gestado realidades nuevas en diferentes puntos de todo el globo. Ejemplo de ello es la lluvia ácida capaz de aniquilar infinidad de cosechas. "Aquí aún no se ha demostrado pero en Estados Unidos saben que el rendimiento de sus cosechas ha descendido por la contaminación", concluye Rodríguez
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