FAUNA HUMANA
¡Qué Plan!
LUIS ALEMANY
La verdad es que no sabe uno demasiado bien -desde su escéptico acratismo- cuáles pueden ser las más profundas motivaciones del controvertido enfrentamiento de ese Plan General de Ordenación municipal (que finalmente se ha aprobado: para bien, para mal o para regular), entre los tirios que lo defienden a capa y espada, y los troyanos que se oponen a él -también a espada y capa- en función de criterios éticos, urbanos y cívicos;pese a lo cual, no deja de resultar -al menos para uno- especialmente significativo el enfrentado comportamiento político de los diversos sectores edílicos del municipio capitalino a tal respecto: especialmente en lo que respecta al grupo socialista, largamente explícito opositor a tal proyecto (ya aprobado holgadamente, pese a tal oposición), algunos de cuyos miembros miraron para otro lado el día de dicha votación, dejando de asistir a ella, omitiendo -en consecuencia- su testimonial negativa a tal proyecto.
Dicen (y uno lo ha refrendado largamente por escrito) que la política es el arte de lo posible, sin exclusión -claro está- de la política municipal, como es el caso que aquí nos ocupa; de tal manera que -piensa uno- esa ausencia opositora socialista, en la votación del proyecto urbanístico de referencia, pudiera entenderse como la aceptación (implícitamente previa) de su inevitabilidad mayoritaria, acudiese quien acudiese a un debate que estaba previamente decidido: un escepticismo determinista apriorístico, ante lo que se consideraba inevitable de cualquier manera, desde los cálculos estadísticos incontestables de aquéllos que iban a pronunciarse; pese a lo cual, no puede uno por menos de plantearse -a este escéptico respecto- la funcionalidad testimonial de la política, y la necesidad -¿o la conveniencia?- de pronunciarse rotundamente, aún desde la consciencia previa de la presumida derrota.
Tal vez esté incidiendo uno en filigranas epistemológicas excesivamente conspicuas, pese a lo cual no parece -en modo alguno- baladí plantearse el problema de la necesidad, conveniencia u obligación de una testimonialidad política opositora, incluso a sabiendas de que esa oposición resultara -en última instancia- absolutamente ineficaz; de la misma manera (aunque desde otra perspectiva política mucho más grave) que se debatió largamente, durante la última -esperemos que lo sea de verdad- dictadura española del siglo pasado, acudir o no -desde la democrática oposición- a las urnas (?) de las dos únicas convocatorias de referéndum que aquel nefasto dictador propuso en treinta y seis años, para enmascarar su criminal permanencia como legalidad, y que todos los españoles sabíamos previamente que le iban a ser rotundamente favorables; un debate que planteaba la enfrentada perspectiva del colaboracionismo cómplice con la falaz impostura pseudodemocrática, o la inútil -pero empecinada- testimonialidad opositora: tal vez la ausencia municipal socialista en la votación de este controvertido Plan participe -de alguna manera- de esta dicotomía ética; a no ser (vayan ustedes a saber) que haya -al respecto- otros intereses más profundos, recónditos y conspicuos.
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