SOCIEDAD

La población se estanca en las islas occidentales y se dispara en las orientales

Municipios turísticos como Adeje han quintuplicado su población desde 1990. / DA
Municipios turísticos como Adeje han quintuplicado su población desde 1990. / DA

Fuerteventura y Lanzarote son, por este orden y con gran diferencia, las islas que han registrado el mayor incremento porcentual de población de todo el Archipiélago. Un crecimiento espectacular, muy difícil de encontrar en otro territorio insular del planeta, en función de los datos que arroja el Instituto Canario de Estadística (Istac) sobre la evolución de la población de Canarias. En concreto, en los últimos 25 años Fuerteventura casi ha triplicado el número de habitantes censados, al pasar de 37.898 en 1989 a los 106.930 registrados en 2014, último año medido por el Istac. Es decir, 69.032 personas más se han establecido sobre suelo majorero. Similar comportamiento se ha producido en Lanzarote, donde las cifras del censo se han duplicado de largo. Los 69.560 residentes de hace un cuarto de siglo se han convertido en 141.940 en la actualidad (72.380 más). El desarrollo turístico de ambos territorios, aunque en Fuerteventura fue más tardío, ha disparado la población hasta la frontera de los 250.000 habitantes censados.

El contraste resulta evidente con las islas periféricas occidentales. El caso más llamativo es La Palma, que apenas ha variado su población en los últimos dos decenios y medio. La Isla Bonita solo ha sumado 1.951 personas (el 2,3% más) hasta alcanzar los 83.456 del último recuento oficial. Tanto La Gomera como El Hierro, siendo dos territorios de menor extensión, han engordado más el censo que La Palma. La Isla Colombina lo ha hecho en 3.228 mientras que la del Meridiano lo ha aumentado en 3.179. La Gomera contabiliza 20.721 habitantes y El Hierro, prácticamente la mitad, 10.675.

En definitiva, mientras que en La Palma, La Gomera y El Hierro el censo subió en los últimos 25 años en 8.358 nuevos residentes, en Fuerteventura y Lanzarote el ascenso fue de 141.412.

Respecto a las islas capitalinas, el aumento más significativo correspondió a Tenerife, con 242.289 personas más (37%), con lo que ya roza la cifra de 900.000 habitantes, según el Istac. Gran Canaria acumuló 155.221 nuevos inscritos (22%), superando ya los 850.000 residentes.

Desequilibrio municipal

Por municipios, los crecimientos más espectaculares se han vivido en Yaiza (Lanzarote), que ha sextuplicado su población al pasar de 2.556 a 15.068, y La Oliva (Fuerteventura), que prácticamente la ha quintuplicado, al registrar 24.307 frente a los 5.665 de 1989. Respecto a Tenerife, el incremento mayor se produjo en Adeje, que también ha multiplicado por cinco su censo (9.334 hace 25 años y 46.667 en 2014). Por el contrario, resulta muy significativo el comportamiento de ocho municipios de La Palma que han adelgazado el censo en el último cuarto de siglo: Barlovento, Fuencaliente, Garafía, San Andrés y Sauces, Santa Cruz de La Palma, Tazacorte, Tijarafe y Villa de Mazo. Es el mismo caso en La Gomera de las localidades de Agulo, Hermigua y Vallehermoso.
La última actualización del Istac sobre el registro de los censos eleva la población del Archipiélago hasta las 2.104.815 personas.

Un antes y un después a partir de las desaladoras

En declaraciones al programa Viva la Radio (Canal 4, de 7.00 a 13.00 horas), José León García Rodríguez, profesor titular de Geografía Humana de la Universidad de La Laguna, justificó esta desigual evolución en el “antes y el después” que marcó en Lanzarote y Fuerteventura la introducción de las desaladoras a finales de los años sesenta y principios de los setenta. “Ese factor posibilitó el despegue turístico de las islas orientales, ya que permitió la creación de importantes asentamientos, lo que, unido a sus encantos naturales, ha generado un crecimiento demográfico muy rápido”. El profesor recuerda, no obstante, que ambos territorios partían prácticamente del despoblamiento: “De hecho, Fuerteventura llegó a ser la isla con menos habitantes del Archipiélago”.

No obstante, León García sostiene que este rápido crecimiento tiene sus límites: “Hay un techo porque la capacidad del turismo para generar empleo es limitada. A pesar de los 12 millones de turistas del año pasado, el crecimiento del empleo ha sido muy limitado, y no tenemos otros sectores pujantes, de ahí esa diáspora de personas preparadas que se marchan fuera porque no hay trabajo, ni cualificado ni sin cualificar, para esa población. La realidad es que nuestra estructura productiva no tiene demasiadas capacidades para el empleo. Ese es un problema importantísimo”, advierte este experto.