crimen del empresario

Uno de los secuestradores olvidó su móvil donde se llevaron a Toledo

Uno de los detenidos por la muerte violenta del empresario Raimundo Toledo fue calificado de inmediato como sospechoso por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad que investigan el caso tras el supuesto hallazgo de su teléfono móvil en el interior del vehículo localizado en las inmediaciones del lugar donde secuestraron a la víctima.

Se trata de Diego Claudio G. G., un argentino nacido casualmente en Australia por mor de la inmigración y que llegó a estar en busca y captura, lo que motivó que se entregara a las autoridades en el sur de la Isla, donde reside desde hace unos 15 años.

En una declaración efectuada ante la Guardia Civil, el argentino habría reconocido haber participado tanto en la vigilancia como en el secuestro del empresario sureño, si bien no ratificó tal declaración cuando pasó ante la autoridad judicial, donde mantuvo su inocencia y se limitó a responder a las preguntas de su entonces abogado defensor.

El cubano detenido en Madrid trabajaba para la mayor de las encarceladas

A pesar de ello, la jueza del Juzgado de Instrucción Número 1 de Granadilla ordenó su ingreso en prisión sin fianza, basando tal medida en pruebas materiales que la Fiscalía siempre aseguró poseer. Eso sí, desde un primer momento Diego Claudio sostuvo que era ajeno a la muerte de Toledo.

VIGILANCIA
Según el relato policial, los dos detenidos (el ya citado Diego Claudio y un cubano identificado como Alexander R. R.) supuestamente vigilaron durante un par de días las costumbres de Toledo y el plan era que fuera el empresario quien condujera su propio vehículo hacia el Sur, mientras Diego Claudio se encargaba de volver con el coche de ellos.

Sin embargo, tales planes se trastocaron ante el malestar alegado por Toledo y todos habrían vuelto en el todoterreno del empresario que posteriormente fue despeñado por el mirador de La Centinela con el cuerpo sin vida de la víctima en el maletero. El argentino, que siempre sostuvo ante los investigadores que es ajeno a la muerte de Toledo, sería quien tuvo que volver a por el vehículo abandonado en Santa Cruz, pero para entonces la Policía Nacional había dado con el mismo por cuanto se dejaron el cristal de una ventana bajada y una puerta semiabierta.

EL CHÓFER
Por lo que respecta al cubano, que fue detenido en el barrio madrileño de Carabanchel, se trata de un empleado que hacía las veces de chófer de su compatriota detenida en primer lugar, Sandra P. R., madre de la segunda detenida, identificada por las iniciales L. M. P. y que es la única que se encuentra en libertad con cargos como supuesta encubridora. El abogado defensor de ambas mujeres sostiene su inocencia. Sandra es pareja de uno de los sobrinos del empresario fallecido, aunque al parecer también mantenía una estrecha relación con Alexander.

Aunque se desconoce si la investigación continúa abierta, lo cierto es que se ha levantado el secreto del sumario.