SOCIEDAD

De crisálida a mariposa

David está feliz con el género y la identidad que él siente. / DA
David está feliz con el género y la identidad que él siente. / DA

Se llamaba Sara, pero en realidad siempre fue David. Su historia sirve para explicar una compleja realidad que viven decenas de familias en Canarias y en el resto de España, padres y madres de menores transexuales a los que todavía hoy buena parte de la sociedad da la espalda. Contra esos tabúes y miedos nació hace algo más de dos años la Asociación de Familias con Menores Transexuales Chrysallis, que agrupa ya a más de 200 familias en todo el país. Una veintena de ellas se juntaron hace apenas seis meses en el Archipiélago para poner en marcha la delegación isleña de la organización, fruto del tesón de su actual presidenta, Eva Pascual.

Ella ha vivido en carne propia esta singular aventura junto a su hijo David, al que adoptaron en China cuando tenía solo nueve meses. Desde entonces, tanto Eva como su marido Juan y el resto de la familia han tenido que aprender a convivir con un bebé al que todo el mundo veía como una niña por el simple hecho de tener genitales femeninos. “Desde los dos años nos venía diciendo que era un chico”, expone esta madre coraje, arquitecta de profesión y residente en Gran Canaria. “Mami, a mí no me pongas coletas ni trabitas, que yo soy un chico”, les explicaba con inocente rotundidad David, que ya con tres años renegaba de su vulva porque entendía que en realidad lo que él tenía era un “pene pequeñito que ya le saldría”. “Yo todo esto lo escuchaba y al principio no le hacía mucho caso, y solo le respondía que ella era una niña”. Sin embargo, no era así. Un día, en una charla en el colegio sobre Educación Sexual, Eva descubrió la existencia de los niños transexuales. “Al principio me asusté, porque en cuanto la ponente empezó a hablar yo veía a mi hija reflejada en cada frase”, insiste la presidenta de Chrysallis Canarias. Tras contarle a su marido todo lo que había escuchado esa tarde, su forma de ver y tratar a David empezó a cambiar. “Traté de informarme de lo que significaba ser un niño transexual; como madre solo quería tener la información necesaria para saber actuar llegado el caso, pero lo cierto es que al principio cuesta mucho de aceptar”.

Para poder conocer mejor la realidad que estaba viviendo, Eva participó en un curso para profesionales al que le invitó la Asociación de Gays, Lesbianas, Transexuales y Bisexuales (Gamá) de Gran Canaria, quienes le explicaron las posibles pautas que podría ir demandando David a medida que fuera creciendo, como el corte de pelo, la ropa según su sexo sentido, la ropa interior de chico y, por último, su “etiqueta social, que es el nombre con el que nos presentamos ante el mundo”, agrega Eva Pascual, que reconoce que fue el propio niño quien les hizo ver lo equivocados que estaban. “Un día que estaba yo en el baño sentada haciendo pipí, me agarró y me dijo que se sentía un niño por dentro y por fuera. Yo, que ya había hecho aquel curso y conocía mejor la situación, le contesté entre lágrimas que papá y mamá lo iban a querer igual, fuera un niño o una niña”. Como si se hubiera quitado un peso de encima, David suspiró y se tiró toda la tarde besando y abrazando a su madre, que por fin parecía haber comprendido que su hijo era un “chico sin pene”.

A partir de su quinto cumpleaños, y merced al incondicional apoyo de sus padres, David inició lo que podría denominarse su tránsito social, al tiempo que su familia iniciaba una aventura que durará toda la vida. No en vano, el pequeño, que ahora tiene seis años, tendrá que someterse, sí así lo desea, a un tratamiento de bloqueadores hormonales, que se usan en el inicio de la pubertad y que dependen del desarrollo de cada menor, por lo que “es importante que no se fije una edad mínima (ahora está en 16 años)”, recalca Eva Pascual, quien deja claro que “la identidad de las personas reside en el cerebro y es el sentimiento íntimo de sentirse hombre o mujer, nacen algunas niñas con pene y algunos niños con vulva”.

Ella, que tiene otra hija biológica de cuatro años y cisexual (que es la identidad de aquellas personas cuyo su sexo sentido coincide con su genitalidad), se queja de que a su hija nadie le cuestione que se sienta una princesa, “porque es lo que la sociedad espera de ella”, y que en cambio a David le cuestionen constantemente que se sienta un niño. “Es muy injusto y es fruto del desconocimento y la desinformación que hay en nuestra sociedad acerca de la transexualidad, ya que se nace transexual como parte de la diversidad humana, y esto ocurre de forma azarosa en las barriguitas de las mamás”, incide la presidenta de Chrysallis Canarias, quien reitera que “la transexualidad es algo natural, y así hay que vivirlo”.

Actualmente, Chrysallis Canarias apoya y asiste a más de una veintena de menores y sus familias en la provincia de Las Palmas, y realiza seguimiento a otros cuatro niños en Tenerife, donde la asociación cuenta además con varios asociados. “Nuestro objetivo es favorecer al máximo el bienestar de los menores transexuales y sus familias; para ello, les acompañamos en el proceso de comprensión, aceptación y empoderamiento frente a una realidad que en la mayoría de los casos desconocen, ya que la infancia no se repite y queremos niños y niñas felices”, incide la presidenta de la entidad, que también lucha contra la discriminación, el acoso y el bullying hacia estos menores y trata de reducir y erradicar el sufrimiento producido por la mala praxis profesional. “Ante la presión social por cumplir unos roles normativos de género, las personas transexuales son discriminadas y empujadas a rechazar en algunos casos su propia anatomía”, asevera Eva Pascual.

Su batalla contra la incomprensión se vio reforzada en mayo del año pasado, cuando entraba en vigor en las Islas la Ley 8/2014 de no discriminación por motivos de identidad de género y de reconocimiento de los derechos de las personas transexuales. Si bien todavía la norma no cuenta con los reglamentos y protocolos necesarios para su aplicación de facto, sí ha permitido que 11 niños, entre ellos el propio David, recibieran recientemente su nueva tarjeta sanitaria. En ella se ha cambiado el nombre de los menores transexuales, un cambio que se llevó a cabo además sin que existiera modificación previa de los datos inscritos en el Registro Civil. Con esta medida, según explican desde Chrysallis Canarias, “se cambia la realidad de nuestros hijos e hijas, ya que podrán acudir a su pediatra o médico de cabecera sin temor a ser llamados por el nombre que se les puso al nacer y que no coincide con el que se sienten identificados, con su nombre real”. “De este cambio se beneficiarán todas las personas trans de Canarias, no solo los menores”, subraya Eva Pascual. Y es que el Archipiélago, después de Cataluña, es la segunda comunidad autónoma que ha desarrollado oficialmente esta modificación, siendo además la primera región del país que cuenta con el cambio en la mención relativa al sexo en la tarjeta sanitaria de los menores, lo que, sin duda, les hará la vida más fácil.

La nueva ley de reconocimiento de los derechos de las personas transexuales recoge acciones encaminadas a eliminar las situaciones de vulnerabilidad en que se encuentran los hombres y las mujeres transexuales en Canarias, uno de los colectivos históricamente más desfavorecidos en lo social y en lo económico. En su articulado establece medidas en ámbitos como el sanitario, el laboral, el educativo o el social, destinadas, entre otros fines, a evitar situaciones de discriminación en el empleo, la eliminación de situaciones de acoso en el ámbito educativo o el reconocimiento legal de las ya creadas Unidades de Identidad de Género, en el ámbito del Servicio Canario de la Salud. El texto legislativo, asimismo, hace especial referencia a los derechos de los menores transexuales, un grupo especialmente vulnerable y que necesita de atención y protección en todos los ámbitos.

Normalización legislativa
La completa normalización de este tipo de situaciones, no obstante, aún está por llegar. Por ejemplo, en España no existe una legislación que ampare a los menores trans que quieren cambiarse el nombre. A partir de los 18 años lo podrán solicitar gracias a la Ley de Identidad de Género -que se aprobó en 2007-, que permite modificar la referencia de nombre y de sexo sin necesidad de someterse a una operación genital. Hasta entonces, las familias tienen que aferrarse a la Ley del Registro Civil de 1957, deben de presentar documentación que demuestra que son personas transexuales -informes psicológicos- y que el nombre que solicitan es el que utilizan normalmente.

En la argumentación que es necesaria que entreguen deben explicar igualmente que si no se les autoriza se vulnera el artículo 54 de esta normativa, que establece que quedarán prohibidas las denominaciones que “perjudiquen a la persona”. Aunque en este caso la legislación es contradictoria, porque también recoge que no se autorizarán los nombres que “induzcan a error en cuanto al sexo”.

El complejo contexto del ámbito escolar
El camino para los menores transexuales no es fácil, como sucede siempre que hay fuertes prejuicios sociales y un profundo desconocimiento. Especialmente complejo resulta abordar la situación en el contexto escolar, donde en muchas ocasiones se producen situaciones de acoso y discriminación que generan graves consecuencias en el niño trans. En este sentido, los expertos destacan la importancia de que al llegar a la pubertad, y si ellos así lo quieren, estos menores puedan tener acceso a inhibidores hormonales -su efecto es reversible-, para evitar el desarrollo sexual hasta que puedan tomar una decisión en la mayoría de edad. En el caso de David, su madre explica que hasta ahora no ha tenido problemas en la escuela. “Se hizo el cambio de nombre, pudo empezar a utilizar los vestuarios de chicos e ir vestido tal como se sentía. Todo ello le produjo una euforia increíble”, una “euforia de género” que rebate a aquellos médicos que hablan equivocadamente de “disforia”.

Algunos términos
Transexualidad. Se define como una situación que define la convicción por la cual una persona se identifica con el sexo opuesto a su sexo biológico, por lo que desea un cuerpo acorde con su identidad y vivir y ser aceptado como una persona del sexo al que siente pertenecer. Se caracteriza por presentar una discordancia entre la identidad de género y el sexo biológico.

Transgénero. Este término se aplica a una variedad de individuos, conductas y grupos que suponen tendencias que se diferencian de las identidades de género binarias (hombre o mujer) y del rol que tienen en la sociedad. Suele interpretarse como una forma de expresión del género de una persona que no se corresponde con lo que la sociedad le ha asignado a su sexo biológico.

Disforia de género. En distintas legislaciones y estatutos clínicos se considera al transgénero, en cualquiera de sus expresiones (sobre todo la transexualidad y el travestismo), como un trastorno mental. El transgénero, clínicamente, se identifica como trastorno de identidad de género, clasificado como trastorno o desorden mental por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. Las asociaciones y colectivos trans critican abiertamente esta concepción.

Transfobia. La transfobia es un delito de odio que describe un rango de discriminación hacia las personas transgénero. En una situación similar está el término prejuicio transgénero, que refiere al prejuicio, discriminación o el estereotipo negativo de la comunidad trans.